En el momento que Amaya envió el mensaje, Diego y Josefa acababan de ayudar a Vera a dormir a su bebé y salían de la habitación de esta última.
La noche anterior, Diego tenía la intención de quedarse a acompañar a Amaya y a su hija.
Pero Vera se había puesto malísima toda la noche. Que si fiebre, que si mareos, que si náuseas... sus constantes malestares lo habían dejado sin opción, así que no tuvo más remedio que usar aquella raíz medicinal para que ella recuperara fuerzas.
Romeo estaba muy preocupado al saber cómo se encontraba Vera y había llamado varias veces.
Para tranquilizar a su amigo, Diego se quedó al lado de Vera durante toda la madrugada. Cerca de las seis de la mañana, luego de tomarse un té negro, ella por fin logró conciliar el sueño.
El celular de Josefa vibró un par de veces. Al revisarlo, vio que los mensajes eran de Amaya.
Cuando leyó que estaba pidiéndole cien millones de pesos, sintió que se le bajaba la presión del coraje.
Sin siquiera reproducir los audios, le aventó el celular a Diego:
—Mira nada más a la mujercita que te buscaste. Ya me está chantajeando, y para colmo exige cien millones.
Diego atrapó el teléfono y, al leer aquel texto tan amenazador, se quedó atónito.
¿De verdad eso lo había escrito Amaya?
Por inercia, deslizó la pantalla para ver el historial de chat entre ella y Josefa y confirmó que era su número.
Sin embargo, ese mensaje contrastaba brutalmente con los mensajes anteriores donde ella siempre se mostraba amable y atenta; parecía que le habían cambiado a la persona.
Con el rostro ensombrecido, Diego se dirigió al estudio con el celular en mano y reprodujo los audios.
Al terminar de escuchar ambos archivos, su expresión se volvió aún más lúgubre.
Sentada en el sofá frente a él, Josefa tampoco aguantó más y se puso de pie de un salto:
—¡Esa voz se escucha a leguas que es de un hombre, ¿cómo va a ser de Vera? ¡Seguro la generó con inteligencia artificial nada más para difamarla!
Josefa ya había escuchado el primer audio, y la propia Vera había confesado que lo dijo estando alterada.
Pero el segundo audio era claramente la voz de un hombre. Y aunque el contexto encajaba a la perfección con la situación de Vera, ella había estado toda la noche con ellos.
Estuvo sintiéndose fatal, ¿a qué hora le iba a marcar a Amaya? Para Josefa, esto era una vulgar calumnia.

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