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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 34

Justo cuando Vera y Romeo estaban a punto de casarse, a la familia Ortega le llegaron ciertos rumores sobre ella y Diego, por lo que su actitud cambió drásticamente.

Para garantizar que ese matrimonio se llevara a cabo sin problemas, Diego se vio acorralado y no tuvo más opción que hacer pública su relación con Amaya y casarse con ella en tiempo récord.

Josefa lo había observado todo desde la barrera en esos cinco años. No podía decir que Diego tratara mal a Amaya, pero tampoco la trataba bien.

De lo contrario, ¿por qué insistió en que siguiera trabajando durante todo el embarazo, y ni siquiera estuvo con ella el día que dio a luz ni en su cuarentena?

Si no la amaba, ¿por qué no cortaba por lo sano?

Al final de cuentas, Amaya solo le había dado una hija; se la llevara o se la dejara, eso no afectaría en lo absoluto el patrimonio de la familia Muñoz.

Josefa estaba sumamente confundida, pero Diego ya había salido del estudio con cara de pocos amigos, marchándose directamente de la casa.

Ella se le quedó viendo a lo lejos, consumida por la desesperación y el coraje.

Ya habían pasado cinco años postergando el tema. Si Amaya hubiera tenido un niño, al menos habría intentado tolerarlo, pero resultó ser niña... Si no se divorciaban ya, su sueño de tener a un nieto varón entre sus brazos iba a quedar en el olvido.

Y cada vez que veía al hijo de Vera, tan sanito, cachetón y adorable, le daban más ansias de tener al suyo propio.

En su momento, Josefa tuvo que dar a luz a tres mujeres seguidas para por fin tener a Diego... Su obsesión por los varones seguía intacta en el fondo de su corazón.

Después de ver el chantaje de Amaya, sus ganas de separarlos se volvieron una urgencia.

Se dio la vuelta y fue a revisar a Vera, quien acababa de despertar de su siesta.

Josefa se acercó a la cama:

—Verita, ¿te sientes mejor? Ese tecito te relajó, ¿verdad? Tienes que cuidarte mucho ahorita para recuperar fuerzas.

Vera echó un vistazo rápido por el cuarto y, al notar la ausencia de Diego, tomó la mano de Josefa con decepción:

—Tía, ¿Diego ya se fue? ¿Se fue otra vez con Amaya?

Josefa dejó escapar un suspiro:

—De verdad no entiendo qué le ve a esa mujer. Le acabo de decir que se separe y me salió con que es imposible. ¡Si la hace más de emoción, todas las muchachas buenas que lo andan buscando se me van a casar!

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