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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 35

Diego le marcó varias veces a Amaya, pero todas las llamadas lo mandaban a buzón; lo había bloqueado.

Luego le llamó a Marta, la niñera, pero ella no se atrevió a contestar.

Desesperado, le marcó a Sofía, y para su sorpresa, también parecía estar bloqueado.

Diego ya estaba fastidiado.

Sabía que la había regado con lo de la raíz medicinal e intentó pedirle a un contacto que le consiguiera otra de mejor calidad, pero en ese momento no había buenas piezas en el mercado, así que desistió. En el camino, pasó por una joyería y aprovechó para comprar un juego de collar y aretes.

Justo cuando iba camino a Villa Los Olivos para entregarlo, recibió una llamada de su amigo Axel, invitándolo a Bar La Buena Onda para echar unos tragos con los demás.

Una vez en el bar.

Diego se sentó en uno de los sillones, visiblemente deprimido. Sin darse cuenta, se empinó el vaso de whisky de un solo trago.

Axel le dio unas palmaditas en el hombro y bromeó:

—Deberías estar brincando de felicidad de que Vera volvió al país, ¿por qué traes esa cara?

El semblante de Diego se tensó al instante:

—Axel, ¿por qué dices eso?

Axel se dio cuenta de que había hablado de más y se tapó la boca.

—O sea, me refiero a que crecieron juntos, tenían cinco años sin verse. Es normal que te alegre que esté de vuelta. Diego, no lo dije en mal plan, solo pienso que se tienen mucho cariño de hermanos, eso es todo.

En cualquier otra ocasión, esos comentarios le habrían dado igual.

Todos los amigos del grupo sabían perfecto que Vera y él se habían criado juntos, que él la cuidaba como a una hermanita y que, efectivamente, se llevaban muy bien; hasta Romeo estaba al tanto de eso.

Sin embargo, con todo el relajo que le había armado Amaya, sentía una culpa extraña que no podía explicarse; de repente le aterraba que la gente empezara a murmurar.

Diego adoptó un tono frío:

—Que no se vuelvan a repetir esos chistes. Vera ya está casada y tiene un hijo con Romeo, y Amaya y yo llevamos años casados. Todos estamos muy bien en nuestros matrimonios, pero...

—Camilo te avisó varias veces que estuvieras más al pendiente de ella, pero no le hiciste caso —intervino Axel.

—No es porque la haya dejado sola, ahora le dio por dudar de lo que hay entre Vera y yo —respondió Diego mientras se servía otro whisky en las rocas y se lo tomaba de un trago.

Camilo y Axel cruzaron una mirada instintiva; ambos se quedaron en un silencio absoluto.

Sin agregar nada más, Camilo se apartó hacia un rincón oscuro, prendió un cigarro en silencio, y mantuvo una expresión fría pero cargada de emociones encontradas.

Después de dos vasos encima, Diego, que nunca sacaba a flote sus problemas familiares frente a los demás, de repente se soltó a hablar más de lo normal.

Estaba realmente confundido y, en su voz, se notaba una desesperación profunda:

—Ami tuvo al bebé y es como si me hubieran cambiado a la mujer.

Se puso celosísima de la nada, hace locuras, casi le prende fuego a la casa donde nos casamos y, para rematar, le manda mensajes a mi mamá en la noche para sacarle dinero; nada menos que cien millones de pesos.

Diego también encendió un cigarro, suspiró con pesadez y miró a Camilo, en el rincón de la sala, con una expresión de profunda angustia:

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