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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 38

—Entendido, me encargo ahora mismo.

Amaya recordó en ese momento las dos grabaciones de audio que tenía. Miró su reloj instintivamente... Ya habían pasado cinco minutos desde la hora límite que le había dado a Josefa.

—Saúl, también necesito que filtres estos dos audios. Busca a un buen escritor para que redacte un hilo sobre la relación de esos dos. ¡Quiero que el escándalo de Diego y Vera ponga a temblar a todo Solsepia!

Amaya le entregó los archivos de voz y todos los documentos que había estado preparando.

Cien millones de pesos no eran nada para ella, no le importaba en lo más mínimo ese dinero.

Su único deseo ahora era arrancarles a Vera y a Diego sus máscaras de hipocresía y hacer pedazos esa vida de comodidades a la que estaban acostumbrados.

***

Saúl no tardó en ejecutar las órdenes al pie de la letra.

Poco tiempo después, Julio le entregó a Diego los documentos firmados por Amaya, directamente en su oficina.

Al ver primero la palabra «renuncia», Diego tomó la hoja con desinterés y torció la boca:

—Otra rabieta nueva... Ahora quiere amenazarme con renunciar, qué estupidez.

Sin embargo, justo después, su mirada cayó en el documento que venía debajo: «Acuerdo de divorcio». Su expresión se tornó seria y severa al instante.

Cuando terminó de leer todas las cláusulas del documento, la cara de Diego se nubló por completo.

Le dio un fuerte golpe al escritorio, se levantó de la silla de golpe y, sin perder ni un segundo más, marcó el número de Amaya.

—¿Dónde estás?

En cuanto ella contestó, Diego habló con un tono reprimido y sombrío.

Estaba haciendo un gran esfuerzo por contener su enojo, pero ya estaba a punto de estallar.

—No importa dónde esté, ¿ya recibiste los papeles?

La voz de Amaya se escuchó totalmente despreocupada al otro lado de la línea.

Amaya soltó una carcajada irónica:

—Pues diste en el clavo. Esta vez no voy a ceder, y tampoco te lo voy a tolerar. Uno de los dos va a caer.

Diego estalló por completo:

—Amaya, si seguimos chocando así, te garantizo que las cosas terminarán muy mal. Te aconsejo que te calmes... y lo dejes por la paz.

La sonrisa en el rostro de Amaya se acentuó aún más:

—Diego, si me hubieras dicho esas palabras cuando aún te amaba, tal vez te habría hecho caso. Pero ahora, lo siento mucho, ya no soy la misma Amaya dispuesta a obedecer todo lo que le digas.

El ambiente de la llamada estaba cargado de tensión; las palabras volaban entre ambos como si fueran cuchillos.

A Diego le palpitaban las sienes. Al notar que Amaya iba en serio, quiso volver a persuadirla, pero antes de que pudiera decir una palabra, ella le colgó, dejándolo con la palabra en la boca.

Amaya le había colgado.

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