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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 37

El silencio en la zona privada era sepulcral.

Axel permaneció a un lado con la boca abierta. Era evidente que todos aquellos detalles que acaba de escuchar lo habían tomado por sorpresa.

El rostro de Diego estaba totalmente ensombrecido, con una expresión tan tensa que parecía una tormenta a punto de desatarse:

—Camilo, ¿qué quieres decir con todo esto?

Camilo lo miró de reojo con frialdad y una mirada profunda y oscura:

—Si no eres capaz de hacer feliz a Amaya, déjala en paz. En este mundo, sobran hombres que sí estarían dispuestos a valorarla.

Axel no supo qué responder.

Diego enmudeció.

Sin darle a Diego la oportunidad de replicar, Camilo apartó la mirada y, lleno de indignación, dio media vuelta y salió.

La puerta se cerró con un fuerte portazo.

Axel miró de reojo a Diego. Sentía que el ambiente estaba a punto de explotar, pero intentó con todas sus fuerzas mantener la calma.

Si hubiera sabido que la noche terminaría así, jamás habría organizado esa salida.

Ahora todo era un desastre. Uno se había marchado furioso después de defender a capa y espada a Amaya, y el otro estaba ahí de pie, con los puños tan apretados que su ira ya había llegado al límite.

Axel deseaba con toda su alma que apareciera un agujero negro para poder tragárselo y escapar de allí.

Sin embargo, cuando sintió la mirada fulminante de Diego sobre él, no le quedó de otra que armarse de valor y tratar de consolarlo:

—Diego, no le hagas caso a Camilo. Ya sabes cómo es cuando se le pasan las copas, empieza a decir tonterías. Los problemas entre tu mujer y tú solo les incumben a ustedes, ¿a él qué le importa?

La verdadera intención de Axel era cambiar de tema.

Sin embargo, al escuchar eso, el rostro de Diego se oscureció aún más:

—Para haberse puesto tan intenso... ¿acaso le gusta mi mujer?

Axel se asustó y empezó a agitar las manos con torpeza:

—Perfecto, muchas gracias, Saúl.

Chalet El Refugio era, sin duda, la zona residencial de lujo número uno en Solsepia; el lugar que todo el círculo de gente rica de Solarenia soñaba con adquirir.

Y la propiedad que su familiar le acababa de regalar a Amaya era, por mucho, la joya de la corona del lugar.

En cuanto Amaya puso un pie adentro, se dio cuenta de que los lujos de Villa Jardín del Edén no eran absolutamente nada comparados con los de ese lugar.

Parada en la terraza, tenía una vista espectacular y panorámica de todo Solsepia; simplemente, era el punto más alto del lujo y la comodidad.

—Señorita, por el momento le he asignado a cuatro empleadas. Dos se encargarán exclusivamente de sus comidas y las de la princesita, y las otras dos realizarán la limpieza. Aparte de los requerimientos diarios, si se le ofrece alguna otra cosa, no dude en decírmelo.

Amaya recordó el acuerdo de divorcio y la carta de renuncia que llevaba listos en su bolsa, y se los entregó:

—En ese caso, te voy a pedir el favor de que envíes estos documentos, bien empaquetados, directo a la oficina de la Dirección General de Grupo Muñoz.

Saúl tomó los papeles con profesionalismo, sin siquiera echarles un vistazo indiscreto:

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