Valeria llevaba mucho tiempo deseando a Diego. A decir verdad, si lograba atraparlo, con lo guapo y elegante que era, sería la envidia de todas sus amigas. Lucirlo del brazo en los eventos sociales sería su mayor trofeo.
Absorta en sus fantasías, Valeria se quedó en silencio por unos segundos.
Al no escuchar respuesta, Vera pensó que no le interesaba y se desesperó.
—¡Y eso no es todo! —se apresuró a añadir—. Amaya y mi primo ya casi cerraron el acuerdo de divorcio. Probablemente firmen los papeles en estos días.
Agudizó la voz.
—Si no aprovechas para firmar el contrato con el Grupo Muñoz ahora, cuando ese dinero entre, les sobrarán socios. ¡Ya no les importará si el Grupo Zaldívar se alía con ellos o no!
La actitud distante de Valeria desapareció por completo. Se le iluminó el rostro.
—Vera, eres una amiga increíble. Ya sabes que las amigas estamos para apoyarnos.
El tono de Valeria ahora era dulce como la miel.
—No te preocupes por tu problemita. Es una tontería. Hazme un resumen detallado y yo me encargo de hacer un par de llamadas para solucionarlo.
Vera suspiró de alivio, sintiendo que el alma le volvía al cuerpo. De inmediato, le relató todo lo sucedido en el hospital.
Al terminar de escucharla, Valeria arrugó la nariz con desagrado.
—Sin ofender, Vera... pero tienes muy poco cerebro. ¿Cómo se te ocurre cometer un error tan estúpido?
Vera se mordió el labio, humillada.
—Fue un momento de debilidad. Te prometo que no volverá a pasar.
Valeria sonrió con suficiencia.
—Un simple audio no es prueba suficiente para encerrarte. Tranquila, yo me ocupo.
La voz de Valeria se volvió firme.
—Pero a partir de ahora, tienes que estar de mi lado y hacer lo que yo diga. Cuando Diego y yo nos casemos, te recompensaré.
Soltó una risita frívola.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta