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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 643

Al escuchar eso, Amaya le arrebató el teléfono a Romeo para mirar la pantalla.

En ese instante, sintió que el corazón se le salía del pecho.

En la foto enviada por el amigo de Romeo, Nilo se veía extremadamente delgado, ¡nada que ver con alguien corpulento!

Eso significaba que, en un lapso muy corto de tiempo, los criminales se habían enterado de sus planes y habían sustituido al verdadero Nilo.

¡Era aterrador e inconcebible!

Ante una situación tan siniestra, Amaya y Romeo se miraron consternados.

De repente, al otro lado de la línea se escuchó un ruido fuerte y caótico, y la llamada se cortó abruptamente.

Amaya intentó marcar de nuevo, pero nadie contestó.

¡El pánico se apoderó de ella por completo!

Al darse cuenta de que su amiga seguramente había sido secuestrada, las piernas le fallaron y cayó de rodillas al suelo.

Incluso Romeo, que siempre mantenía la calma, sintió que le palpitaban las sienes por la ansiedad:

—Ami, no te desesperes, pensaré en algo.

Amaya estaba a punto de llorar de desesperación.

—¿Qué podemos hacer, Romeo? ¡Piensa en algo rápido! No podemos dejar que le pase nada malo a Sofi, ¡es inaceptable!

—Lo sé. Voy a llamar a Marcos Torres. Él maneja muchos casos internacionales en Trinidad, debe tener contactos allí.

Romeo sacó su teléfono de inmediato para marcar.

Amaya también pensó en su hermano.

Sacó su móvil y lo llamó sin dudarlo.

Aunque era de día en Solarenia, en Aquilinia era plena madrugada. A pesar de eso, su hermano contestó casi al instante.

Antes, Amaya acudía a su hermano para cualquier problema sin sentir remordimiento, viéndolo como su protector absoluto.

Pero ahora, al conocer el doloroso pasado que él había escondido, pedirle ayuda le dejaba un sabor amargo en la boca.

La esperanza volvió a brillar en el pecho de Amaya.

—Sí, por favor. ¡Tienes que ayudarme a sacarla de ese infierno!

—Romeo también está buscando contactos. ¡Pase lo que pase, tenemos que rescatarla!

—De acuerdo, ya lo tengo. Espera mis noticias.

Al colgar, la mente de Amaya era un caos, pero la furia que hervía en su interior estalló de forma incontrolable.

Estaba a punto de marcar el número de Vera Ramos cuando, sorprendentemente, esta se le adelantó y la llamó.

Vera seguía usando un distorsionador de voz. En cuanto Amaya contestó, escuchó una voz masculina, extraña y macabra:

—Amaya, apuesto a que estás corriendo en círculos, desesperada como un animal acorralado.

—Si yo fuera tú, me daría de golpes contra la pared. Dime, ¿no te sientes como un imán para la desgracia, arrastrando a todos tus amigos a la ruina?

Amaya estaba temblando de rabia. Presionó rápidamente el botón para grabar la llamada y le gritó al teléfono:

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