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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 644

—¡Vera Ramos, deja de esconderte detrás de esa estúpida voz! ¡Sé perfectamente que todo esto es obra tuya y de tu asqueroso primo!

—¡La gente como tú terminará pudriéndose en el infierno! ¡Eres la encarnación de la maldad!

—Camilo fue tu amigo, y Sofía jamás te ha hecho nada. Si me odias tanto, ¡ven por mí! ¡Atacar a mi familia y a mis amigos es de cobardes!

En ese momento, toda la rabia contenida de Amaya salió a flote.

Si tuviera a Vera enfrente, estaba segura de que le rompería la cara a golpes.

¡Era un monstruo!

En toda su vida, jamás había sentido una ira tan pura y devastadora.

Pero al otro lado de la línea, Vera soltó una carcajada siniestra y triunfal:

—Jajaja...

—¡Por fin perdiste el control, Amaya! ¡Me fascina escucharte así de desesperada!

—Te has creído invencible durante demasiado tiempo. ¡Ya era hora de que cayeras al lodo!

—Ir tras de ti directamente habría sido demasiado fácil. ¡Voy a hacer que cada persona que amas pague el precio!

—¡Y cuando no te quede nadie, iré por ti!

—¡Quiero que sientas lo que es estar completamente sola, rodeada de enemigos!

—Por tu culpa casi termino en la calle, y le costaste millones a la familia Muñoz. ¡Voy a cobrarme cada centavo con sangre!

—¡Prepárate para sufrir, Amaya!

—Jajaja...

La persona al otro lado parecía haber perdido la razón, emitiendo risas agudas y enfermizas.

Luego, en medio de su euforia, cortó la llamada.

Amaya, que había estado a punto de explotar de furia, se quedó en un silencio sepulcral.

Por eso, al ver el mensaje de Amaya, sintió que estaba soñando.

Pero rápidamente, esa sorpresa se transformó en alegría.

Él lo sabía. No importaba cuán fría y decidida pareciera, al final terminaría cediendo, incapaz de olvidarlo.

Las mujeres, pensó con arrogancia, siempre dicen lo contrario de lo que sienten.

Ahí estaba la prueba: él no la había buscado, y ahora era ella quien daba el primer paso.

Y por lo visto, era un archivo de audio bastante largo.

¿Sería una confesión de cuánto lo extrañaba? ¿Qué querría decirle?

Diego intentó ocultar su emoción, luchando por borrar la sonrisa de su rostro. Impaciente, y frente a todos sus clientes en la mesa, reprodujo el audio.

Sin embargo, en el instante en que lo abrió, la risa escalofriante y distorsionada que salió de su altavoz le heló la sangre. ¡Casi se cae de la silla por el susto!

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