Todos los videos eran clips de bromas pesadas hechas a Vera.
En ellos, se la veía gritando, actuando de forma histérica o llorando a lágrima viva... En cada grabación, parecía una gallina despavorida que no paraba de chillar.
Toda la ira de Sofía se fue desvaneciendo poco a poco con cada broma que veía.
Al ver las rabietas escandalosas de Vera, Sofía se reía a carcajadas, contorsionándose sobre la cama.
—¡Ami, esto es demasiado gracioso! ¡Ay, por Dios, esto es mil veces mejor que mandarla tras las rejas!
—Estos videos son material de oro. Tengo una idea, ¿qué te parece si hacemos una compilación y le pagamos a alguien para que los haga virales en internet?
—A Vera le encanta llamar la atención y sentirse importante, así que, ¿por qué no le damos una mano y la volvemos súper famosa en las redes? Eso daría más satisfacción, ¿no crees?
Amaya levantó una ceja:
—¡Excelente idea! Si eso te hace feliz, hagámoslo.
Sofía se emocionó muchísimo y de inmediato descargó un programa de edición de video.
Como toda una experta en internet, editar eso fue pan comido para ella.
En poco tiempo, unió los mejores y más vergonzosos momentos de los videos, les agregó una música cómica de fondo y generó un clip extremadamente hilarante.
Amaya le envió de inmediato el video a su hermano para que él se encargara de subirlo a las redes usando una dirección IP del extranjero.
Cuando terminaron con todo, ya eran casi las tres de la madrugada.
Esto comprobaba que toda la ira humana proviene, en realidad, de la propia impotencia.
Porque en el momento en que tienes el poder de devolver el golpe, todo ese enojo desaparece en un instante.
Cobrarte venganza y ajustar cuentas era una sensación absolutamente deliciosa.
El corazón de Sofía, que antes estaba hecho pedazos, se recuperó rápidamente gracias a la terapia emocional de Marcos Torres y al plan de venganza de Amaya.

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