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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 676

Se recostó en el asiento, cerrando los ojos, con la mente vuelta un torbellino.

Ya casi. El día de su venganza y de lavar su honor estaba cada vez más cerca.

La idea de que Romeo pretendiera agitar el sector inmobiliario con miles de millones, intentando desafiar a un Grupo Muñoz que llevaba treinta años dominando el mercado, le parecía un completo chiste.

Conocía bien a Romeo.

Sabía que era inteligente, sí, pero su brillantez se limitaba a la arquitectura y al diseño. En el mundo de los negocios, Romeo no era rival para él, de eso estaba seguro.

Él había empezado en los negocios desde muy joven, siempre al frente, curtiéndose con años de estrategia, maniobras y batallas corporativas.

Si Romeo de verdad tenía las agallas para irrumpir así en su mercado... le enseñaría a las malas el verdadero significado de la palabra "consecuencias".

Diego suspiró hondo, y su expresión se tornó cada vez más fría y calculadora.

No podía permitir que una simple visita lo desestabilizara y le nublara el juicio.

No pasaba nada.

Aún quedaba mucho camino por recorrer. Tenía todo el tiempo y la paciencia del mundo para, poco a poco, arrebatarle el corazón de Amaya a Romeo.

Julio, encogido en el asiento del conductor, no se atrevía ni a respirar.

Solo cuando notó que el estado de ánimo de Diego parecía estabilizarse, se atrevió a romper el silencio:

—Señor Muñoz, hay una noticia muy negativa en internet...

El corazón de Diego dio un brinco, casi por instinto.

—¿Qué noticia? ¿Otra vez tiene que ver con la familia Muñoz?

—Sí, bueno, no exactamente —respondió Julio, secándose el sudor de la frente, mientras le tendía el celular con un video que tenía una música de fondo sumamente irritante—. La señorita Ramos se ha vuelto viral. Échele un vistazo.

El tono pegajoso y ridículo, como un cacareo de gallina, hizo que Diego frunciera el ceño de inmediato.

Tomó el teléfono sin entender nada, y en cuanto vio la pantalla, casi se le salen los ojos de las órbitas.

El video duraba unos cinco minutos y compilaba una serie de bromas pesadas contra Vera Ramos, donde aparecía gritando desesperada en cada toma. Combinado con esa música ridícula, resultaba tan gracioso como patético.

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