—¡Diego, iré contigo a la oficina! Justamente tengo unos detalles que ajustar contigo —exclamó Valeria, apresurándose a salir tras él para acompañarlo.
Una vez que los pasos de ambos se perdieron en el pasillo, Melina ya no pudo contenerse y le soltó una violenta patada a una de las sillas cercanas:
—¿Me vas a decir que Diego sigue suspirando por esa Amaya? ¡No puedo creer que la defendiera hace un momento, qué coraje me da!
—¡Eso es imposible! ¡Mi hijo no es ningún tonto para aferrarse a una mujer así!
Josefa lo negó rotundamente—. Seguramente lo dijo pensando en el panorama general. Temía que armáramos un escándalo que pudiera dañar la imagen que el Grupo Muñoz recién está empezando a recuperar.
—¡En cuanto pase toda esta tempestad, le ajustaremos las cuentas a esa mujercita, tanto las nuevas como las viejas! Ya veremos si esa gata de callejón de verdad cree que es intocable.
—Tía Josefa...
Tal vez el medicamento comenzaba a hacer efecto, pues Vera forzó los labios y logró balbucear con voz rasposa.
Con mucho esfuerzo, alzó una mano y tiró suavemente del borde de la ropa de Josefa:
—Yo... yo puedo aguantarme el trago amargo por ahora. Mien... mientras la carrera de Diego no se vea afectada, soportaré lo que sea. No importa.
Logró decir cada palabra con suma dificultad, regalándoles a ambas una mirada llena de conmovedora fragilidad.
—Ya, ya, Vera, no llores —le pidió Josefa, apurándose a buscar unos pañuelos.
Secó con cuidado sus lágrimas, sintiendo profunda pena por ella:
—Tu primo está lidiando con demasiados asuntos de la empresa en este momento, y es una etapa crítica. Quédate tranquila, en cuanto se desocupe, te juro que él mismo dará la cara por ti.
Vera asintió, recargando la cabeza débilmente sobre el hombro de Josefa.
Podía decir lo que fuera, pero el veneno en su interior ya estaba a punto de hervir.
Al escuchar aquel tono distante de Diego, y esa clara defensa instintiva hacia Amaya, sintió en lo más profundo que él ya no era el mismo hombre que solía ponerla en primer lugar.
Sabía perfectamente que a ella la estaban acosando y humillando de forma brutal.
Sabía de sobra que la habían convertido en la burla de todo el internet con esos ridículos videos.
Y había comprobado con sus propios ojos cómo la habían dejado hecha una lástima.
Pero, en vez de mover cielo y tierra para hacerle justicia, lo único que le importó fue tapar el asunto y apaciguar las cosas.

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