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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 738

Diego incluso conocía parte de los secretos sobre la familia de Amaya que su madre había mencionado, y había planeado usar el vuelo para explicárselo a detalle.

Pero ahora, Amaya estaba flanqueada por dos enormes e insoportables obstáculos.

El coraje de haber desembolsado una millonada solo para facilitarle la vida a sus rivales hizo que el rostro de Diego se tornara de un tono verde enfermizo.

Sin otra opción, se dejó caer pesadamente en el asiento que estaba justo frente a Amaya.

El problema era que, aunque la tenía a centímetros de distancia, el respaldo le impedía verla. Lo único que le llegaba era el constante murmullo de Romeo, desviviéndose en atenciones hacia ella desde atrás.

—Amaya, ¿quieres un jugo de naranja? Señorita sobrecargo, ¿le podría traer un jugo recién exprimido a la señorita, por favor?

—Amaya, ¿tienes frío? Toma, cúbrete las piernas con esta manta.

—¿Tienes hambre? ¿Quieres que pida una rebanada de pastel?

...

El avión pronto alcanzó altitud de crucero.

La voz de Romeo, empapada en atenciones y cariño, seguía torturando los oídos de Diego.

Romeo ignoraba por completo las miradas fulminantes que Diego le lanzaba cada vez que intentaba asomarse por el asiento.

Estaba completamente enfocado en consentir a Amaya.

Al principio, a Amaya le incomodó tanta devoción, pero Romeo lo hacía sentir tan natural y cotidiano que ella no pudo evitar sentir un pinchazo de culpa.

En sus tiempos en el Grupo Muñoz, cada vez que ella viajaba por negocios, terminaba actuando como la sirvienta de Diego, atendiéndolo de pies a cabeza, cuidando que no le faltara nada.

Y ahora, los papeles se habían invertido. Romeo era el que la trataba como oro.

Pero ella no era como Diego; ella no era la clase de mujer que simplemente daba por sentado el esfuerzo ajeno.

Cuando Romeo le pelaba una mandarina, ella no solo se comía su parte, sino que extendía la mano y le ofrecía un gajo en la boca.

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