Al ver que las cosas se estaban saliendo de control, Saúl estuvo a punto de desabrocharse el cinturón de seguridad para separarlos.
Pero, para sorpresa de todos, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Romeo.
Mantuvo su calma característica:
—Si tantas ganas tienes, yo también puedo dejarte el lugar para que demuestres lo que vales, aunque... dudo mucho que Amaya quiera aceptar algo de ti.
Dicho esto, Romeo se quitó el cinturón, dispuesto a cederle el asiento.
Sin embargo, antes de que pudiera levantarse, Amaya le puso la mano firme en el hombro, deteniéndolo:
—Romeo, quédate sentado, no vale la pena hacerle caso.
—A mí me basta con saber lo que estás haciendo por mí. Lo que él piense no tiene la menor importancia.
Amaya defendió a Romeo con uñas y dientes, y el mensaje fue clarísimo: Diego Muñoz era un absoluto extraño en esa ecuación.
Diego sintió cómo le atravesaban el corazón con un millón de agujas.
Abrió la boca para decir algo, pero las palabras murieron en su garganta. Regresó a su asiento en silencio, se subió el cuello de la camisa, se puso los audífonos y cerró los ojos, quedándose tieso como una estatua de mármol.
Acababa de entenderlo. Frente a la lealtad incondicional de Amaya hacia Romeo, cualquier cosa que él dijera o hiciera lo convertía en un miserable payaso.
Amaya ya no lo amaba. Así de simple.
¿Qué caso tenía seguir mendigando migajas y tragándose su orgullo, sabiendo perfectamente que era una batalla perdida?
Su ego arrogante y narcisista despertó de golpe. Durante el resto del vuelo, se hundió en un mutismo absoluto.
Amaya ni siquiera se detuvo a pensar en el arrebato de su exesposo y no tardó en quedarse profundamente dormida.
A las dos de la tarde, hora de Solarenia, el avión aterrizó en Ciudad Hespéride, Aquilinia.
Al salir por las puertas del aeropuerto, Amaya vio a lo lejos a alguien sosteniendo en alto un gran cartel de bienvenida.
Sus ojos reconocieron de inmediato los trazos. Decía "Bienvenida, Amaya" escrito con la impecable caligrafía de su hermano.
Sebastián siempre había tenido una letra magistral, pero esos trazos llenos de fuerza demostraban que con los años había perfeccionado su estilo a un nivel increíble.

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