Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 75

—¡Cariño! —Vera abrió los ojos de golpe y, al ver de quién se trataba, saltó como un resorte, gritando sin pensarlo.

—¡Romeo! —exclamó Diego, un tanto descolocado, y se puso de pie por inercia.

Romeo se quedó plantado en la puerta, inmóvil. Su mirada implacable y fría los escrutó a ambos de arriba abajo.

Abrió la boca para hablar, con un tono glacial:

—¿No decías que te ibas a quitar la vida? ¿Otra vez haciéndote la víctima?

Vera dio un respingo, se acercó corriendo a él y lo miró como si fuera un perrito asustado:

—Mi amor, yo... de verdad ya no quería vivir. Te mandé un montón de mensajes y ni me contestabas.

—Diego vino y logró calmarme. Si no fuera por él, en serio... en serio me habría aventado.

Vera lo miraba con ojos suplicantes, pero Romeo seguía con la vista fija al frente, con un gesto de total apatía.

Preocupada de que no le creyera, Vera sacó enseguida una receta médica de su bolsa y se la dio a Romeo:

—El doctor dijo que tengo depresión severa y tendencias suicidas. Cuando me dan mis ataques, ni siquiera yo me puedo controlar.

Romeo tomó el papel, le dio una leída rápida y la miró con absoluto desprecio:

—¿Ahora cualquier hospital regala diagnósticos de depresión o qué? A este paso, todo el mundo va a resultar deprimido.

Vera, sintiéndose humillada, se mordió el labio y contestó con voz quebrada:

—¡No te estoy mintiendo, es de verdad! Romeo, ¿por qué nunca me crees? Acaso... ¿tengo que matarme para que me tomes en serio?

Romeo se sobó las sienes. Le dolía la cabeza.

Desde que regresó, no había podido pegar el ojo durante varias noches seguidas.

Capítulo 75 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta