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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 77

El viejo lugar que ambos mencionaron era una cava de vinos privada y oculta en el centro histórico de la ciudad.

Antes, era el sitio donde la familia de Axel guardaba sus vinos. Luego, él lo remodeló, instaló una mesa de billar, un sistema de sonido y una pantalla gigante, convirtiéndolo en su punto de reunión habitual.

El lugar albergaba botellas exclusivas de todo el mundo, imposibles de conseguir en el mercado tradicional.

Al abrir la pesada puerta acústica, los recibió el familiar aroma a whisky mezclado con el olor a roble añejo.

Entraron uno detrás del otro y se acomodaron en un gabinete en el rincón más alejado.

Una vez sentados, ninguno tuvo prisa por hablar.

El mesero, que los conocía muy bien, los saludó con respeto. Les llevó dos botellas cerradas de Macallan de 30 años, una hielera y varias botanas antes de retirarse.

Diego se sirvió la copa hasta el tope y se la bebió a la mitad de un solo trago. El líquido ardiente le quemó la garganta al bajar, pero logró apaciguar un poco la frustración de su pecho.

Dejó el vaso sobre la mesa, clavó la vista en el líquido ámbar y por fin rompió el silencio:

—Romeo, ¿no tienes nada que preguntarme?

Romeo mantenía un semblante estoico. Levantó su vaso, le dio un sorbo y respondió:

—No.

Diego se quedó atónito y esbozó una sonrisa amarga:

—Antes nos sentábamos aquí a tomar y a platicar de la vida. Era muy a gusto. ¿Por qué ahora estás tan callado?

Romeo tragó saliva sutilmente y dijo:

—Antes era antes. Supongo que las cosas cambian con el tiempo.

Esa simple frase, dicha con tanta frialdad, aplastó el corazón de Diego como una avalancha. Sus pupilas se contrajeron.

—¿Las cosas cambian? ¿Acaso de verdad te creíste esas mentiras publicadas en internet? ¿También piensas que Vera y yo...?

Diego no pudo terminar la oración, le costaba trabajo siquiera pronunciarlo.

—Además, Amaya también estaba embarazada. Como esposo, dejar solas a tu mujer y a tu hija para cuidar a tu hermana y a su bebé... Eso no tiene ninguna lógica, ni moral ni sentimental.

—Cuando las cosas son tan ilógicas, siempre hay algo escondido... Diego, jamás había dudado de tus principios, pero esta vez, de verdad no te entiendo.

Romeo ya había puesto a su asistente a investigar y tenía los registros completos del embarazo, el parto y la cuarentena de Vera.

Podía pasar por alto que tomara vuelos constantes a Aquilinia para acompañarla durante el embarazo, pero que Diego se la hubiera pasado todo el periodo de recuperación en la clínica de maternidad cuidando a Vera día y noche... Eso era demasiado.

La larga lista de firmas de Diego en los registros de la clínica era demasiado evidente, lastimaba a la vista.

Romeo no quería desconfiar de su amigo, pero toda esa serie de acciones absurdas lo obligaban a sospechar.

Le había pedido que la cuidara, sí, pero el problema era que su protección fue excesiva; había sobrepasado los límites.

Diego se puso de pie de un salto. Sus ojos reflejaban una mezcla de intensidad y coraje:

—¡Romeo! Tú fuiste quien me pidió que la cuidara. Todo lo que hice fue para cumplir la promesa que te hice.

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