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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 80

Amaya cerró los ojos por un instante. Una punzada de dolor y decepción se asomó de inmediato en su rostro.

—Con tener a Reni es más que suficiente para mí. Ningún hombre vale la pena como para volver a pasar por el mismo infierno.

La plática de pronto tomó un tono muy melancólico, pero Amaya decidió guardarse el resto.

Todos decían que, durante el parto y la recuperación, el amor y el apoyo de un marido eran el mejor remedio para sobrellevar el dolor.

Era el momento más insoportable, tortuoso y difícil en la vida de una mujer; cuando más vulnerable se sentía y cuando más atenciones necesitaba.

Pero ella no tuvo a nadie a su lado. Había soportado toda esa etapa infernal sola, sin ningún apoyo.

Pasara lo que pasara, no iba a perdonar a Diego mientras estuviera viva.

Sofía escuchaba la historia boquiabierta. La encargada de la tienda, que estaba ayudando a Amaya con la ropa, también soltó un suspiro de simpatía:

—Es muy cierto —comentó la mujer—. Sea parto natural o cesárea, el dolor es horrible. Tratar de ir al baño la primera vez después de dar a luz es una experiencia tan espantosa que te hace dudar de tu propia existencia.

Sofía se tapó la boca, impresionada.

—¡Ay, por favor! De escucharlas se me quitaron las ganas de tener hijos. ¡Está cañón!

La encargada soltó una carcajada de resignación:

—Por eso siempre digo que, sin importar cuánto te diga tu hombre que te ama antes de tener al bebé, son puras palabras vacías. Lo que verdaderamente vale la pena es que te siga cuidando y queriendo cuando ya te vio hecha un desastre y con toda la figura arruinada.

Varias mujeres de la tienda, entre empleadas y clientas, se sintieron identificadas con el tema y, poco a poco, empezaron a meterse en la plática para dar su opinión.

Una clienta empezó a presumir sobre la dedicación de su esposo:

—El mío fue justo así. Cada vez que iba al baño él me ayudaba a limpiarme... Hasta se comía lo que yo dejaba de la comida. Siempre me daba masajes en las piernas, me ayudaba con el sacaleches...

De inmediato, otra clienta intervino:

—¡Sí, el mío también se portó de maravilla! En toda mi cuarentena no pasé ni una sola noche en vela. Mi marido se paraba a la madrugada a darle el biberón a la bebé. En cuanto ella lloraba, él iba y la cargaba para dejarme dormir tranquila.

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