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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 81

Esa voz, al escucharla, le resultó muy familiar.

Amaya levantó la vista y vio a un hombre vestido con ropa casual negra, entrando con paso firme y seguro.

Tenía una postura recta y elegante, hombros anchos y cintura estrecha, con una estatura de al menos un metro ochenta. Su presencia era tan sobresaliente que parecía hacer que las brillantes luces de la tienda palidecieran en un instante.

Ese hombre no podía ser otro que Romeo.

Amaya se quedó atónita por un momento, pero aun así lo saludó:

—Hola, Romeo.

Al ser de la misma industria, ya habían coincidido antes en el trabajo, por lo que se tuteaban y se llamaban por su nombre.

Romeo asintió levemente y, justo cuando iba a hablar, su mirada la sobrepasó y se posó en la carriola que estaba detrás de ella.

Reni despertó en ese preciso instante. No lloró, sino que abrió sus grandes y redondos ojos, mirando a su alrededor con curiosidad.

Atraído por la ternura de Reni, Romeo se acercó y se inclinó para jugar con ella. Reni, de muy buen humor, soltó una carcajada de inmediato.

Sus manitas regordetas se agitaban en la carriola; se veía preciosa, parecía un verdadero angelito.

—Qué niña tan linda. Está preciosa. ¿Cómo se llama? —preguntó él.

Amaya giró la cabeza y miró a Reni con ternura:

—Renata.

Romeo se sorprendió visiblemente, pero no hizo más preguntas, solo sonrió con suavidad:

—Es un nombre hermoso, tiene un bonito significado.

Amaya sonrió.

En ese momento, Sofía estaba petrificada, maravillada por la increíble belleza de Romeo.

Se acercó a Amaya, le dio un codazo y le preguntó leyendo los labios:

—¿Él es Romeo, verdad?

Amaya asintió y lo presentó con una sonrisa:

—Romeo, te presento a mi mejor amiga, Sofía. Es diseñadora de interiores.

Romeo asintió con una sonrisa y le tendió la mano:

—Ay, ¿cómo crees? No tenías que gastar.

Romeo sonrió con amabilidad:

—No es un gasto, es solo un detalle de mi parte.

Amaya insistió en no aceptarlo y no tomó la bolsa:

—Agradezco mucho la intención, pero de verdad no puedo aceptar el regalo. Me ayudaste mucho en el trabajo hace poco y ni siquiera he tenido la oportunidad de agradecértelo.

Al ver que no lo aceptaba, Romeo optó por dejárselo directamente a Renata en la carriola.

Miró a la bebé con una ternura inocultable:

—Es un detalle de mi parte para la pequeña Reni, es una forma de desearle lo mejor. No puedes rechazarlo.

Le apretó suavemente la mejilla a Renata:

—Es hermosa. Siempre he deseado tener una niña, lástima que…

Se detuvo a tiempo, sin terminar la frase, y su rostro recuperó esa expresión distante y reservada.

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