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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 79

Solsepia. Dentro de una tienda de ropa en un gran centro comercial.

Después del baño, Reni dormía cómodamente en su carriola mientras Marta la empujaba.

Sofía acompañaba a Amaya, quien se estaba probando ropa nueva.

Su figura aún no había regresado a la normalidad tras el parto y su ropa anterior ya le quedaba pequeña y vieja. Quería comprarse varios conjuntos de una vez para celebrar su nueva etapa.

Ver que Amaya por fin se preocupaba por arreglarse puso muy feliz a Sofía, quien iba de un lado a otro buscando ropa por toda la tienda. Cada vez que encontraba algo lindo, corría a dárselo para que se lo midiera.

Sin darse cuenta, Amaya terminó con un montón de prendas.

Pasó la tarjeta con seguridad, sin preocuparse siquiera por checar cuánto saldo le quedaba.

El dinero que su supuesta familia le había dado lo estaba ahorrando íntegramente para Reni, no había tocado ni un peso.

Las ganancias que ella misma había obtenido a lo largo de los años aceptando trabajos por fuera sumaban ya una muy buena cantidad.

La tarjeta de crédito que le había dado Diego la usó un solo día antes de que él la cancelara. Ya se lo esperaba, así que solo le causó gracia.

Le daba exactamente igual. Ahora le faltaba de todo, menos dinero.

Sofía la acompañaba con mucho entusiasmo y le lanzaba halagos a cada rato:

—Ami, la maternidad te sienta súper bien, te ves más tierna. Así estás mucho más bonita que antes.

—Deberías dejarte el cabello un poco más largo. Ya no te lo cortes como niño, un corte a la altura de las clavículas le iría perfecto a la forma de tu cara.

—Además, te ves increíble así. Antes estabas muy flaquita; tener un poco más de curvas te hace ver mucho mejor.

Amaya entrecerró los ojos con una sonrisa. Desde que renunció a su trabajo, estaba de muy buen humor.

Había dejado de amamantar, así que por fin se libró del dolor de la congestión en el pecho y, además, ya lograba dormir largas horas sin interrupciones.

Saúl había conseguido vitaminas y suplementos carísimos, mucho más exclusivos que aquellos tónicos medicinales que Diego se había llevado.

Solo bastó que Marta le preparara un caldo con esos extractos naturales una sola vez para que sintiera el cuerpo revitalizado, recuperando sus energías casi al instante.

—Sofi, tener un bebé es un sacrificio enorme. No tienes idea de cuánto he sufrido desde el parto hasta ahora.

—Congestión mamaria, mastitis, hemorroides, sarpullido, infecciones urinarias, reflujo, fugas de orina, caída del cabello... Me pasó de todo. No sabes lo humillante que es no poder aguantarte de ir al baño.

Amaya platicaba abiertamente con Sofía mientras se probaba los conjuntos nuevos.

Era la primera vez que iba de compras desde el nacimiento del bebé. Llevaba muchísimo tiempo sin disfrutar la sensación de libertad que te da no estar cargando una panza; se sentía tan ligera que no paraba de platicar.

—En mi peor momento, hasta me daba miedo estornudar porque terminaba toda mojada. Sofi, de verdad, la maternidad te arrebata toda la dignidad como mujer.

Amaya se puso un vestido frente a Sofía y se evaluó en el espejo antes de continuar:

—Desde que te quedas embarazada te la pasas bajándote los pantalones para que te revisen, pero eso no es lo peor. Cuando te acuestas en esa camilla para dar a luz...

Amaya suspiró con pesadez:

—Es como si fueras un pedazo de carne listo para el matadero. Cualquier rastro de dignidad y orgullo desaparece por completo en ese mismo instante.

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