Diego tenía dos exigencias: la primera, ver a su hija; la segunda, saber con urgencia dónde vivía Amaya y con quién estaba.
Pero Amaya no iba a acceder a ninguna de las dos.
Simplemente apagó el celular y se quedó descansando en Chalet El Refugio durante una semana entera. No salió de casa ni se comunicó con nadie.
Durante toda esa semana, las tendencias no bajaron de intensidad. Las acciones del Grupo Muñoz se desplomaron, y a Vera y a Diego los arrastraron por el suelo. Mientras tanto, Amaya pasaba los días muy tranquila acompañando a Reni en la mansión más lujosa de todo Solsepia.
Se sentía maravillosamente bien, tanto física como mentalmente. Por fin había podido dormir bien varias noches seguidas.
Una semana después, planeaba llevar a cabo su siguiente gran paso: ir al registro civil a registrar a su hija.
Al principio había pensado en esperar a que su madre, Beatriz, regresara de Veridia con el acta de nacimiento original para hacerlo, pero su mamá no le contestaba los mensajes y no tenía idea de cuándo iba a regresar.
Amaya era de las que, cuando querían hacer algo, no podían esperar.
Recordó que Camilo era como la sección amarilla de la alta sociedad de Solsepia: tenía muchos contactos y palancas, y siempre encontraba la manera de resolverlo todo.
Por eso le pidió ayuda para que le tramitara un registro independiente, para poder poner a la niña bajo su nombre por lo pronto.
Camilo, siendo todo un crack, arregló todo con una sola llamada. Le pidió a Amaya que llevara copias de su identificación oficial y la acompañó a ver a un «conocido» suyo.
Amaya salió de casa con su credencial en mano y llegó al lugar acordado con Camilo.
Todo fluyó a la perfección. En media hora, el trámite estaba listo.
Con el acta de nacimiento recién emitida en la mano, Amaya salió de las oficinas del registro junto con Camilo.
—Camilo, muchas gracias. En la noche yo te invito a cenar, hay que decirle a Sofía que venga también —dijo Amaya, sonriendo.
Camilo asintió con un gesto ligero:
—Va, entonces no me voy a hacer del rogar. Hay un restaurante nuevo de alta cocina aquí en Solsepia, dicen que preparan platillos muy únicos. Hay que ir a probarlo.
Amaya, que no llevaba su coche, se subió directamente al Rolls-Royce Phantom de Camilo.

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