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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 873

—¡Jajaja!

Una explosión de risas felices y contagiosas inundó el comedor.

Ricardo Ortega, radiante de felicidad, se sirvió una copa de vino tinto, le dio un buen trago y sonrió con profunda satisfacción.

—Si de verdad cumplen eso, Amaya, te convertirás en la mayor heroína de nuestra familia.

—Tu suegra y yo solo tuvimos a Romeo. Y mis otros dos hermanos solo tuvieron un hijo varón cada uno. El abuelo casi nos mata por eso.

—Si logras darnos un equipo de fútbol entero para los Ortega, te juro que, cuando yo no esté, toda mi herencia será exclusivamente para ti y para los niños. ¡Romeo no verá ni un centavo!

Ximena levantó ambas manos al aire, eufórica.

—¡Apoyo la moción!

Beatriz no paraba de reír.

—¡Entonces es un trato!

Ricardo, incapaz de contener la emoción, se levantó en persona, sirvió un tazón humeante de caldo de pollo con hierbas revitalizantes y lo colocó suavemente frente a Amaya.

—Entonces... ¡el futuro de la familia Ortega está en tus manos, querida!

Amaya observó a los adultos bromear y consentirla. Sabía que esta era su forma de demostrarle que la habían aceptado y validado por completo.

Sintió un calor inmenso abrazarle el corazón.

Se puso de pie a toda prisa para recibir el tazón, sonriendo con respeto.

—Se lo agradezco mucho, Don Ricardo.

Ximena enarcó una ceja, divertida.

—¿Cuál Don Ricardo? ¡Ya casi es hora de que le digas papá! A ver, ve practicando, llámalo papá.

Amaya enmudeció.

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