—Así es —asintió Beatriz—. Los de arriba nos cortaron los fondos por completo. Esperan que esta nueva «genio» caiga del cielo y nos traiga un milagro.
Yanira frunció el ceño. Aunque ya lo había escuchado en los pasillos, oírlo directamente de boca de Beatriz la dejó sin aliento. ¿Cómo era posible que el Instituto estuviera en una situación tan crítica?
Beatriz soltó otro suspiro.
—Desde que te fuiste, los avances han sido a paso de tortuga. Los inversionistas se retiraron uno tras otro. Los equipos están obsoletos y no hay dinero para reemplazarlos, lo que retrasa los datos de laboratorio, y es un círculo vicioso. El mes pasado perdimos a nuestro patrocinador más grande. Llevo un mes tocando puertas, pero nadie quiere darnos un solo centavo.
Al final, miró a Yanira con los ojos enrojecidos.
—Yani, ya estoy vieja. Ya no puedo con todo esto yo sola.
Yanira sintió que el corazón se le estrujaba y apenas podía respirar.
Cuando era joven, Beatriz era una mujer hermosa y llena de vida, pero los últimos años la habían golpeado sin piedad. Primero, la renuncia de Yanira al laboratorio; luego, la muerte de Xavier; y ahora, la ruina del proyecto. Todo ese estrés la había envejecido prematuramente.
Yanira no podía ni imaginar el infierno que había sido cargar con todo eso sola.
Su voz tembló levemente.
—Se lo prometo. No dejaré que este proyecto muera.
Beatriz la miró, con lágrimas en los ojos, y un destello de esperanza iluminó su rostro.
—¿De verdad lo has decidido?
Yanira le sostuvo la mirada y asintió con firmeza.
—Sí. Voy a regresar. Yo me encargo de conseguir el dinero.
Como si de pronto recordara un gran obstáculo, Beatriz frunció el ceño.
—¿Y Santiago está de acuerdo? Acuérdate de que, cuando hiciste tu berrinche de salirte del proyecto para casarte con él, tu maestro enfureció tanto que casi dejaron de hablarse para siempre.
Al recordar a su maestro, a Yanira se le hizo un nudo en la garganta. La persona a la que más había decepcionado era a él. Levantó la vista con los ojos llenos de lágrimas.
—Ya tomé la decisión de divorciarme de él.
Beatriz se quedó de una pieza.



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