Hace tres años, Yanira era la investigadora principal del proyecto de fármacos contra el cáncer en el Instituto de Ciencias de la Capital. El proyecto llevaba años en marcha y había entrado con éxito a su segunda fase. De haber continuado a ese ritmo, habrían comenzado los ensayos clínicos en humanos en muy poco tiempo.
Pero por complacer a Santiago, ella había abandonado el laboratorio para asumir un puesto honorífico.
El año pasado falleció el maestro Xavier, y ahora todo el peso del proyecto recaía sobre los hombros de Beatriz. Yanira había pensado muchas veces en regresar, pero cada vez que lo mencionaba, Santiago lograba manipularla con un par de palabras dulces y su enfermiza devoción hacia él volvía a ganar.
Por suerte, todavía estaba a tiempo de despertar.
Al llegar a la entrada del Instituto, escuchó a un par de personas murmurando.
—Dicen que mañana llegará una investigadora transferida directamente por los directivos.
—Me enteré de que estudió en el extranjero varios años y tiene premios internacionales. Y es jovencísima. Ahorita que estamos rogando por financiamiento, seguro nos salva de la quiebra.
Las voces se desvanecieron a lo lejos.
*¿Una investigadora transferida por los directivos?*
Yanira recordó inmediatamente la conversación que había escuchado el día anterior en la oficina de Santiago. Luciana había entrado al Instituto por influencias.
*¿De verdad es ella?*
Con el pecho oprimido, Yanira aceleró el paso hacia el edificio de oficinas.
La oficina de Beatriz estaba al final del pasillo del tercer piso. La puerta estaba entreabierta. Justo cuando Yanira iba a tocar, escuchó un suspiro profundo y exhausto desde el interior.
Apretó los labios y tocó suavemente.
—¿Quién es? —preguntó Beatriz.
—Beatriz, soy yo.
Cuando la puerta se abrió por completo, Beatriz se quedó pasmada y sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato.
—¡Yani!
Yanira tampoco pudo contener las lágrimas.
Beatriz la jaló hacia el interior de la oficina, cerró la puerta y rompió a llorar.
—Muchacha, ¿por qué tardaste tanto en venir a verme?
Yanira sintió un nudo en la garganta y la abrazó con fuerza.


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