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Adiós a mi exesposo: Ahora le pertenezco a tu enemigo

AutoresTeresa Aguilar
CategoriasRomance
Visualizações63
Capítulos166
StatusEm Andamento
4.0 / 5
(1 ratings)
Resumen de Adiós a mi exesposo: Ahora le pertenezco a tu enemigo

Resumen del libro Adiós a mi exesposo: Ahora le pertenezco a tu enemigo de Teresa Aguilar

Adiós a mi exesposo: Ahora le pertenezco a tu enemigo es un(a) Romance Em Andamento escrito por Teresa Aguilar. Esta obra ofrece una trama envolvente, personajes inolvidables y giros emocionales. Ideal para lectores que buscan una lectura cautivadora y sorprendente.

“En cuanto supo que me iba a divorciar, dejó todo para llevar mi caso personalmente. Si eso no es amor, ¿entonces qué es?”

Yanira Jiménez sintió un balde de agua fría al leer ese post en redes sociales. Estaba justo frente al prestigioso bufete de Santiago Salinas, el hombre que ella creía su refugio. En ese instante, la venda se le cayó de los ojos: la dulzura de Santiago no era más que un espejismo, una fachada de cristal.

¿La razón? Su "gran amor de siempre" había regresado al país para divorciarse, y Santiago, rompiendo todos sus principios, corrió a sus pies. No le importó sacar las cosas de Yanira de la casa, ni mucho menos cederle a la otra esa beca de especialización en el extranjero que Yanira tanto había sudado. Para él, ella era solo un mueble más.

— ¿Yanira? Ella no sabe dar un paso sin mí, no llegará lejos —decía él con esa arrogancia tan suya.

Pero se equivocaba. Yanira se tragó las lágrimas, lo engañó para que firmara los papeles del divorcio y, en cuanto la sentencia quedó firme, desapareció como si se la hubiera tragado la tierra.

Meses después, aquel abogado impecable y soberbio, el hombre que parecía no tener corazón, terminó de rodillas bajo una lluvia torrencial, con los ojos enrojecidos por el llanto y el orgullo hecho pedazos.

— ¡Perdóname, mi vida! —suplicó Santiago entre sollozos—. ¡Me di cuenta de que tú eres la única mujer que he amado de verdad!

Yanira ni siquiera se molestó en mirarlo. Antes de que pudiera responder, una mano firme y protectora la tomó de la cintura con un aire posesivo que la dejó sin aliento. Viggo Mendoza, el hombre ante el cual todos en la ciudad bajan la cabeza, la atrajo hacia su pecho y miró con desprecio al miserable que estaba en el suelo.

— ¿Tu mujer? —soltó Viggo con voz de trueno—. Llegas tarde, infeliz. Ella es mi esposa ante la ley y ante el mundo. Y si vuelves a ponerle un dedo encima, te aseguro que no vivirás para contarlo.

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