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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 1

—Maestro, no se preocupe por no haber podido venir, hoy es solo el compromiso.

Vera Ayala tenía los ojos llenos de risa mientras le hablaba con tono dulce por teléfono a su mentor, una figura titánica en el mundo de la medicina que se encontraba en el extranjero.

—Sí, pero cuando me case, usted y mis colegas tienen que volver sin falta. Si no, me voy a enojar en serio, de esas veces que no se me pasa con nada.

Vera colgó el teléfono entre risas, se arregló apresuradamente el dobladillo del vestido ante las insistencias de los demás y entró al salón donde se celebraría el compromiso.

Hoy era el día en que formalizaría su unión con el joven heredero de la familia Heredia.

Había sido enviada al extranjero por su familia a los diecisiete años, y esta era la primera vez que Vera regresaba al país.

Durante esos seis años de vagar solitaria por el extranjero, siempre había tenido en mente a sus padres, que antes la adoraban, y a sus hermanos, que la consentían.

—Papá, mamá —dijo Vera, acercándose emocionada. Paseó la mirada por el lugar y preguntó con confusión—: ¿Y mis hermanos mayores? ¿Alfredo y Santiago no vinieron?

Estaba tan concentrada buscando a la gente que no se dio cuenta de que su padre tenía el rostro ensombrecido, ni de que su madre la miraba con una expresión llena de conflicto, como si quisiera decir algo pero no se atreviera.

—Tú los llamas papá y mamá, entonces, ¿cómo debería llamarlos yo?

Una chica de más o menos la misma edad que Vera se puso de pie y se acercó a ella con una actitud arrogante y despectiva.

Vera la miró de arriba abajo.

—¿Y tú eres?

—Soy la única hija de la familia Ayala, y la verdadera heredera de este linaje: Ofelia Ayala.

Vera se quedó paralizada un segundo, volvió a observarla detenidamente y luego entornó los ojos con una sonrisa.

—¿Qué clase de broma es esta?

Apenas terminó de hablar, Ofelia tomó la copa de vino tinto que tenía a la mano y se la arrojó directamente a la cara.

Vera reaccionó rápido y giró la cabeza, pero fue inevitable que el líquido le empapara el cabello y la mitad del hombro.

—Si yo fuera tú, no tendría cara para volver al país —le espetó Ofelia, mirándola con asco.

La sonrisa aún no se había borrado de los labios de Vera cuando, en un abrir y cerrar de ojos, levantó la mano izquierda, agarró a Ofelia del cabello y le cruzó la cara con dos bofetadas que resonaron nítidas en el aire.

El salón, que hasta entonces era un hervidero de voces, se quedó tan en silencio que se habría escuchado caer un alfiler.

Ofelia se quedó atónita por los golpes. Se cubrió el rostro con las manos, mirando a Vera con una mezcla de terror y furia.

La expresión en el rostro de Vera ni siquiera había cambiado; seguía con esa ligera curva en los labios, con la misma apariencia de chica de buen carácter.

Incluso le acomodó suavemente el cabello a Ofelia antes de hablarle con una voz pausada y delicada:

—¿Te atreves a hacer un escándalo en la fiesta de compromiso de la familia Ayala y la familia Heredia? ¿Acaso tu vida ha sido demasiado pacífica hasta ahora?

—¡Ah! ¡Papá! ¡Mamá! —Ofelia por fin reaccionó, gritando mientras miraba a Nicanor Ayala y a Pandora Jiménez de Ayala.

—¡No te hagas la tonta, impostora! Cuando yo regresé a casa, tú te fuiste al extranjero. ¡Seguro tenías miedo de que te desenmascarara!

Vera miró a Nicanor y a Pandora.

El rostro de Nicanor mostraba enojo y repulsión, dejando claro que respaldaba cada palabra de Ofelia.

Por el rostro de Pandora, en cambio, cruzaron unos destellos de duda; movió los labios un par de veces, pero al final no dijo nada.

El murmullo en el salón comenzó a elevarse, y las voces llenas de juicios y críticas llegaron a los oídos de Vera.

Sin embargo, Vera volvió a curvar los labios en una leve sonrisa; de hecho, toda su postura pareció relajarse.

Recordó claramente cuando sus padres le dijeron que la empresa de la familia Ayala se estaba transformando para entrar al sector financiero, y que la familia necesitaba a otro experto en finanzas además de su hermano mayor.

Fue por eso que ella, a pesar de haber obtenido el primer lugar a nivel estatal en sus calificaciones, se vio obligada a renunciar a los exámenes de ingreso universitario y a marcharse sola, lejos de su hogar.

Si no hubiera sido por eso, podría haber elegido cualquier universidad prestigiosa del país. No habría tenido ninguna necesidad de ir a sufrir tantas penurias estudiando en el extranjero.

Ella no sabía absolutamente nada sobre este asunto de la heredera verdadera y la falsa.

Vera los miró con una sonrisa plácida. Sus padres la habían engañado para enviarla al extranjero, toda la familia Ayala le había ocultado la verdad durante seis años, y ahora armaban este escándalo en la fiesta de compromiso que ella tanto había anhelado.

¿De verdad creían que seguía siendo la misma niña obediente que estaba dispuesta a tragarse cualquier humillación por el honor de la familia?

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