Vera Ayala no sentía que hubiera hecho nada malo. Que Ofelia Ayala fuera la víctima de sus propias circunstancias, ¿acaso la convertía a ella automáticamente en la victimaria?
—¡Te pasaste de la raya!
Nicanor Ayala y Pandora Jiménez se acercaron juntos; él clavó una mirada furiosa en Vera, mientras que ella miraba con el corazón roto a Ofelia.
—Ofelia no estudió medicina, es completamente normal que no conozca a CFT Global. Nuestra familia es una invitada de honor de CFT, e incluso si vinieran sus directivos, tendrían que tratarla con profundo respeto. ¿Con qué cara te atreves a pavonearte frente a ella? —le recriminó Nicanor.
Los ojos de Ofelia brillaron con un toque de triunfo.
—Si tuvieras algo de decencia, no usarías los beneficios que te dio nuestra familia para burlarte de ella. ¡Pídele disculpas de inmediato! —ordenó Nicanor con voz helada.
Vera rodó los ojos, sin darle la más mínima importancia.
—Entonces le sugiero que controle a su hija, Señor Ayala, y no deje que arme escándalos sin razón.
—¡Ya basta! —Nicanor levantó la mano, dispuesto a soltarle una bofetada.
Sin embargo, el golpe nunca llegó a su destino.
Hugo Heredia, que estaba de pie detrás de Vera, levantó el brazo y bloqueó el movimiento de Nicanor en seco.
—Señor Heredia, ¿qué significa esto? —Nicanor retiró la mano, desconcertado por la intervención del magnate.
Hugo arqueó una ceja y, con voz grave y profunda, respondió:
—No soporto las injusticias.
Vera miró a Nicanor en silencio, con una profundidad indescifrable en sus ojos.
Todavía recordaba que, cuando era niña, si tropezaba por accidente, su papá golpeaba el suelo y maldecía la baldosa por atreverse a lastimar a su «Princesita».
Bajó la mirada para ocultar el torbellino de emociones. Ahora, a los ojos de Nicanor, ella era esa baldosa defectuosa que debía ser golpeada.
—¡Mamá, no quiero verla! —Al notar que Hugo defendía a Vera, Ofelia volteó de inmediato hacia Pandora.
Al escucharla, la señora Jiménez dio un paso adelante para mediar:
—Vera, de todos modos no querías participar en esta conferencia. ¿Por qué no te vas primero y me evitas este mal rato?
Vera disipó la nostalgia de su mirada y esbozó una sonrisa cargada de ironía.
—De acuerdo. Me voy.
Si ella no estaba, ¿acaso creían que esta conferencia podría continuar?
Vera dio media vuelta y comenzó a alejarse, dejando a sus espaldas a una Ofelia radiante de felicidad.
—Señor Heredia, entremos, el evento está por comenzar —sugirió uno de los presentes.
Hugo miró su reloj de forma protocolar y dijo:
—Tengo asuntos que atender.
Salió del lugar con pasos largos y decididos. Todos asumieron que de verdad tenía negocios urgentes; solo Patricio Heredia lo vio marchar con un rastro de sospecha en la mirada.

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