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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 11

Vera Ayala no sentía que hubiera hecho nada malo. Que Ofelia Ayala fuera la víctima de sus propias circunstancias, ¿acaso la convertía a ella automáticamente en la victimaria?

—¡Te pasaste de la raya!

Nicanor Ayala y Pandora Jiménez se acercaron juntos; él clavó una mirada furiosa en Vera, mientras que ella miraba con el corazón roto a Ofelia.

—Ofelia no estudió medicina, es completamente normal que no conozca a CFT Global. Nuestra familia es una invitada de honor de CFT, e incluso si vinieran sus directivos, tendrían que tratarla con profundo respeto. ¿Con qué cara te atreves a pavonearte frente a ella? —le recriminó Nicanor.

Los ojos de Ofelia brillaron con un toque de triunfo.

—Si tuvieras algo de decencia, no usarías los beneficios que te dio nuestra familia para burlarte de ella. ¡Pídele disculpas de inmediato! —ordenó Nicanor con voz helada.

Vera rodó los ojos, sin darle la más mínima importancia.

—Entonces le sugiero que controle a su hija, Señor Ayala, y no deje que arme escándalos sin razón.

—¡Ya basta! —Nicanor levantó la mano, dispuesto a soltarle una bofetada.

Sin embargo, el golpe nunca llegó a su destino.

Hugo Heredia, que estaba de pie detrás de Vera, levantó el brazo y bloqueó el movimiento de Nicanor en seco.

—Señor Heredia, ¿qué significa esto? —Nicanor retiró la mano, desconcertado por la intervención del magnate.

Hugo arqueó una ceja y, con voz grave y profunda, respondió:

—No soporto las injusticias.

Vera miró a Nicanor en silencio, con una profundidad indescifrable en sus ojos.

Todavía recordaba que, cuando era niña, si tropezaba por accidente, su papá golpeaba el suelo y maldecía la baldosa por atreverse a lastimar a su «Princesita».

Bajó la mirada para ocultar el torbellino de emociones. Ahora, a los ojos de Nicanor, ella era esa baldosa defectuosa que debía ser golpeada.

—¡Mamá, no quiero verla! —Al notar que Hugo defendía a Vera, Ofelia volteó de inmediato hacia Pandora.

Al escucharla, la señora Jiménez dio un paso adelante para mediar:

—Vera, de todos modos no querías participar en esta conferencia. ¿Por qué no te vas primero y me evitas este mal rato?

Vera disipó la nostalgia de su mirada y esbozó una sonrisa cargada de ironía.

—De acuerdo. Me voy.

Si ella no estaba, ¿acaso creían que esta conferencia podría continuar?

Vera dio media vuelta y comenzó a alejarse, dejando a sus espaldas a una Ofelia radiante de felicidad.

—Señor Heredia, entremos, el evento está por comenzar —sugirió uno de los presentes.

Hugo miró su reloj de forma protocolar y dijo:

—Tengo asuntos que atender.

Salió del lugar con pasos largos y decididos. Todos asumieron que de verdad tenía negocios urgentes; solo Patricio Heredia lo vio marchar con un rastro de sospecha en la mirada.

—Siéntate aquí.

Vera volvió a la realidad, lo miró y negó con la cabeza.

—No es necesario, ya me iba.

—¿No ibas a agregarme a tus contactos? —Hugo señaló el saco, indicándole que tomara asiento.

Vera parpadeó, se sentó sobre la tela de diseñador y desbloqueó su celular.

—Acepte la solicitud, Señor Heredia. Le transferiré el dinero del saco.

—Aunque lo transfieras, no lo aceptaré. Considera ese saco mi regalo de bienvenida por tu regreso al país.

Vera se quedó mirándolo, atónita. Hugo Heredia parecía ser, además de Patricio que antes no sabía la verdad, la única persona que, conociendo su verdadero origen, le daba la bienvenida.

En ese breve instante de distracción, la gente comenzó a salir en masa del centro de convenciones.

—¿Pasó algo? ¿Por qué el Profesor Mateo Castillo cancelaría de repente la conferencia aquí y programaría una en el extranjero con tan poco aviso? Ni siquiera sé si alcanzaremos el próximo vuelo.

Hugo mostró un destello de sorpresa en sus ojos y evaluó a Vera con curiosidad de reojo.

Ella no había entrado, y de inmediato toda la conferencia fue cancelada. ¿Sería solo una coincidencia?

Ofelia salió y vio que Vera seguía en la entrada. Toda la frustración acumulada por no haber podido lucirse en el evento, la descargó directamente sobre ella.

—Vera Ayala, ¿te quedaste aquí esperando a que salieran papá y mamá? Pues perfecto. Ven con nosotros a casa ahora mismo; ya que hoy no tienes nada mejor que hacer, firma de una vez el contrato de transferencia.

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