Ofelia comenzó a hacer un escándalo en el vestíbulo, pero los empleados que pasaban por ahí la ignoraron por completo.
La recepcionista, manteniendo la calma, levantó el teléfono y llamó al personal de seguridad.
—¡No me toquen! Tienen a una estafadora trabajando aquí. ¿Acaso no hay nadie a cargo en esta empresa? ¿Cómo se atreven a contratar a alguien así?
La recepcionista abrió los ojos de par en par, mirándola como si estuviera loca.
Si había escuchado bien, esa mujer histérica acababa de acusar a la presidenta Ayala de fraude.
Era un chiste de mal gusto.
Al ver que sus gritos no surtían efecto, Ofelia entrecerró los ojos y sacó su teléfono para hacer una llamada.
Poco tiempo después, decenas de periodistas se congregaron frente al edificio de CFT Global.
Cuando Vera se dio cuenta de que el asunto se estaba saliendo de control, dejó su trabajo y bajó al vestíbulo.
Mientras bajaba, recibió una llamada de Hugo Heredia.
—Voy en camino —le dijo.
Vera enarcó una ceja y sonrió.
—No vale la pena que el señor Heredia se moleste por algo tan pequeño. Puedo manejarlo sola.
—No voy para ayudarte. Es que leer contratos todo el día es aburridísimo.
Hugo buscó una excusa para justificar su preocupación. Además, le encantaba ver a Vera tan dueña de sí misma, manipulando a sus enemigos como si fueran piezas de ajedrez.
Hugo colgó el teléfono y, al salir de su oficina, se topó de frente con Patricio.
—Primo, ¿adónde vas?
Hugo no tenía intención de hacerle caso, pero de repente recordó algo y dijo con frialdad:
—Tu novia está haciendo un escándalo en las oficinas de CFT Global.
Patricio hizo un gesto de desdén.
—¿Vera haciendo un escándalo? Ya sabía que no podía quedarse quieta.
Hugo se detuvo en seco, se dio la vuelta y lo miró con ojos helados.
—Tu novia es Ofelia Ayala, la heredera de la familia Ayala.
Patricio se quedó congelado. Inconscientemente, aún pensaba que Vera seguía siendo su novia.
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