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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 54

Pandora entró al vestíbulo rodeada de periodistas e intentó llevarse a Ofelia.

Sin embargo, Ofelia se negó. Con actitud desafiante, gritó:

—¡Mamá, no tienes por qué protegerla! ¡Tú mejor que nadie sabes cómo me ha tratado!

Pandora, atrapada entre la espada y la pared, miró a Vera.

—Vera, este es un asunto de familia, hablemos en privado.

Vera la miró con frialdad. Los demás miembros de la familia Ayala quizá no sabían exactamente cuánto dinero le habían enviado, pero Pandora lo sabía a la perfección.

—¿Y si me niego?

La respuesta de Vera sumió a Pandora en una profunda angustia.

Antes de venir, jamás imaginó que habría tantos periodistas. Si sacaba los estados de cuenta, Ofelia quedaría en ridículo frente a todo el país.

Miró a su alrededor nerviosa y, finalmente, murmuró en voz baja:

—El dinero que te mandé en el pasado te lo di por voluntad propia. No tienes que devolverlo.

—Ja.

Vera soltó una carcajada cargada de sarcasmo que todos los presentes lograron escuchar.

Solo una persona, de pie en un rincón oscuro, la observaba con una mirada llena de compasión.

—¡Mamá! ¿Hasta cuándo vas a seguir defendiendo a Vera? —Ofelia, creyendo que su madre actuaba por favoritismo, hizo un berrinche aún mayor.

Pandora no se atrevió a decir la verdad y solo intentó calmarla:

—Ofelia, los años de Vera en el extranjero no fueron fáciles. No la presiones...

—¿Que no fueron fáciles? ¡Por muy difícil que fuera, ustedes le mandaban dinero! ¡¿Y yo qué?! ¡Yo soy su hija biológica! ¡¿Dónde estaban ustedes cuando yo tenía que mendigar comida?!

Ofelia estaba consumida por la rabia y el resentimiento. No entendía por qué su madre defendía a aquella impostora.

Vera se acercó con el rostro inexpresivo, con una mirada llena de absoluta frialdad.

—No importa si la señora Jiménez se niega a mostrar los comprobantes. Yo también preparé una copia.

Sacó los estados de cuenta que ella misma había impreso.

—Aquí están los detalles de todas las transferencias. Véanlos ustedes mismos.

Volvió a sentarse en el sofá. Su postura seguía siendo erguida, pero de pronto emanaba una frialdad absoluta que mantenía a todos a raya.

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