Entrar Via

Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 62

Al escuchar la preocupación de su primo, Vera sintió que algo se removía en su interior.

Solo por esa muestra de empatía, estaba dispuesta a ceder un poco.

Vera arrojó el palito del helado en el basurero del auto y luego abrió la puerta.

—Puedo salvar la fábrica farmacéutica de los Jiménez, pero el representante legal en el futuro solo podrá ser alguien de la familia Jiménez. Esa es mi última concesión.

Tras decir eso, cerró la puerta y caminó contra el viento.

Diego bajó de inmediato para alcanzarla, pero pronto otro auto se detuvo justo frente a ella, y Vera subió sin dudarlo.

Cuando el vehículo pasó junto a Diego, él logró ver a Hugo Heredia en el interior.

Sentada en el auto, Vera tenía una mirada ensombrecida y difícil de descifrar. Estaba perdida en sus pensamientos cuando un pañuelo de papel apareció en su campo de visión aún desenfocado.

—¿Un simple helado te convenció?

El tono de Hugo tenía un ligero matiz de broma, y el humor sombrío de Vera comenzó a despejarse.

—Ya no soy una niña.

Un helado no era suficiente para conmoverla, pero la actitud de su primo sí.

—Si los asuntos con la familia Ayala no se resuelven, seguirán molestando. Además, aparte de los equipos obsoletos, los canales de distribución y el personal de la fábrica están intactos. No sirve para ser la sede principal de CFT Global, pero como una fábrica secundaria funcionará perfectamente.

Vera había considerado este asunto por mucho tiempo. Ya había tomado en cuenta la sugerencia previa del vicepresidente.

—Y también quiero que Ofelia sepa que lo suyo no se lo puedo quitar, pero lo que es mío, ella jamás lo tendrá.

Vera curvó los labios en una sonrisa. Ofelia deseaba desesperadamente las acciones de la farmacéutica, así que ella se aseguraría de no dárselas. Salvaría la fábrica de los Jiménez, pero a partir de ese momento, el lugar cambiaría de nombre.

—El helado de tu primo no era la gran cosa, es normal que no te haya convencido del todo.

Mientras hablaba, Hugo tiró el papel con el que acababa de limpiarle la comisura de los labios a Vera, y luego sacó con total naturalidad una cajita de joyería forrada en seda.

Dentro de la caja había más de diez figuritas de oro, cada una del tamaño de la uña del pulgar, con distintas formas. Había pequeños helados, conitos, pastelitos y botellitas de refresco.

Eran diseños adorables, pero al ser de oro macizo, emanaban un lujo deslumbrante que contrastaba con su apariencia infantil.

Los ojos de Vera mostraron un atisbo de sorpresa y alegría, algo que dejó a Hugo sumamente satisfecho consigo mismo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca