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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 66

Al escuchar eso, Vera sonrió aún con más ganas.

Avanzó hacia ella con pasos pausados, irradiando un aura de absoluta serenidad y dominio.

—¿Necesito recordarte que el hombre del que estás colgada ahora mismo es mi exprometido?

Aunque la familia Ayala había logrado un ligero contacto con los Montenegro, no tenían el estatus necesario para recibir una invitación directa. Quien había conseguido la invitación fue Alfredo por su éxito financiero, pero como él estaba ocupado, Santiago Ayala había asistido en su lugar.

Ofelia, por su parte, había entrado como la acompañante de Patricio.

—¿Cuál exprometido? ¡Patricio siempre ha sido mi prometido! ¡La mujer con la que siempre quiso casarse es la verdadera heredera de los Ayala!

Ofelia se aferró al brazo de Patricio y gritó:

—¡Además, Patricio ya te desechó! Eres solo la basura que él no quiso.

La sonrisa de Vera se profundizó mientras fijaba su mirada en ella.

Santiago se interpuso de inmediato frente a su hermana, lanzando una mirada de advertencia a Vera.

—Hoy estamos en un banquete de cumpleaños. No te atrevas a hacer un escándalo que nos deje en vergüenza.

—Si sabes que estamos en un cumpleaños ajeno, ¿por qué no le dices a tu hermana que cierre la boca?

Vera arqueó una ceja y dirigió su mirada hacia Patricio.

—Eres solo una herramienta para un matrimonio por conveniencia. ¿Con qué derecho hablas de desechar?

El rostro de Patricio se tornó lívido de pura rabia.

Vera sonreía resplandeciente, disfrutando la provocación.

—¿Dónde está seguridad? Esta mujer está armando un escándalo, ¿no piensan sacarla?

Patricio intentó buscar ayuda. No llegaron los guardias, pero sí el joven heredero de los Montenegro.

—A la acompañante del Señor Heredia no me atrevería a echarla. Si tienes tanto valor, sácala tú mismo.

Bonifacio Montenegro enarcó una ceja, mostrando una sonrisa pícara y arrogante.

—¿Cómo va a ser la acompañante del Señor Heredia? Por muy poco exigente que sea, no se comería las sobras de su primo, ¿o sí?

El comentario sarcástico de Santiago rebosaba malicia.

—¿Acaso ya se te olvidó quién soy?

—¡E-Estamos en el cumpleaños de Don Fausto! ¡¿No tienes ningún respeto por él haciendo este escándalo?! —chilló Ofelia, tratando de llamar la atención de todos los presentes.

Vera retiró la mano, tomó calmadamente una toallita húmeda de la mesa y comenzó a limpiarse los dedos.

—Conque sí sabes que es una fiesta de cumpleaños...

—Estás acabada, Vera. Esta vez nadie te va a salvar —siseó Patricio, fulminándola con la mirada y observando de reojo a Bonifacio.

Vera había sido imprudente al arruinar el evento del patriarca, y los Montenegro jamás dejarían que se marchara impune.

Bonifacio también sintió que se le erizaba la piel. Hugo jamás le advirtió que la chica tuviera un carácter tan explosivo. Bastó con que le quitara los ojos de encima un segundo para que causara un desastre.

—Ven, vamos a que te laves las manos.

Bonifacio intentó sacar a Vera de allí antes de que la situación empeorara.

Pero en ese preciso momento, los líderes del Linaje Montenegro hicieron su aparición.

—¿Qué es todo este alboroto?

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