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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 65

Vera no se apresuró a volver a Ciudad Luzara. En lugar de eso, en su calidad de accionista, volvió a presentar una demanda contra Fabián Ayala.

Ella era la accionista mayoritaria de la fábrica farmacéutica, pero durante años no había recibido ni un solo peso de dividendos.

Solo con esa acusación, Fabián, que apenas acababa de salir bajo fianza, fue enviado de nuevo a la celda.

Esta vez, la familia Ayala entró en pánico total.

—¡Paula Pérez por fin había aceptado ayudarnos a sacarlo, ¿qué demonios pretende Vera?!

Doña Beatriz Ayala miró a su nuera con odio, deseando poder devorarla viva.

Nicanor Ayala también estaba furioso. Llamó de inmediato a Alfredo; quería ir a hablar personalmente con Vera.

Pero ella simplemente ignoró sus llamadas.

—Papá, le diré a Patricio que vaya a hablar con ella. Tal vez solo está haciendo todo esto para llamar su atención y recuperarlo.

Ofelia sugirió esto porque, en su mente, Vera no solo intentaba seducir a Hugo, sino que su insistencia en atacar a los Ayala era una clara táctica para volver con Patricio.

Nicanor lo pensó por un momento y accedió.

No tenían una mejor opción en ese momento.

Cuando Vera recibió la llamada de Patricio, colgó de inmediato al escuchar su voz.

Patricio, tragándose su orgullo, volvió a marcar. Cuando ella bloqueó su número, usó otro diferente.

Finalmente, agotada por su insistencia, Vera contestó.

—Vera, ¿qué te crees? ¿Ahora ni siquiera contestas mis llamadas?

Vera respondió con desdén:

—¿Y por qué tendría que contestarte? ¿Quién te crees que eres?

Patricio estuvo a punto de soltarle un insulto, pero al recordar la bofetada que recibió en la conferencia, se contuvo.

—Vuelve a Ciudad Luzara, necesito hablar contigo.

Vera soltó una carcajada fría.

—Habla con la pared.

Dicho eso, colgó. Patricio no era como la familia Ayala.

—Escuché que demandó al hermano de Nicanor Ayala, todo por dinero.

Los murmullos maliciosos se esparcieron por el salón, pero Vera los ignoró por completo.

Caminó directamente hacia el mayordomo, le susurró algo al oído, y el hombre se marchó a toda prisa.

—Vera Ayala, ¿a qué viniste al cumpleaños de Don Fausto? ¿Acaso vas a decir que él le envió una invitación a CFT Global? ¿O que son grandes amigos? ¿O viniste de colada aprovechando la fama de Hugo?

Ofelia entrecerró los ojos, con una sonrisa cargada de burla.

El Linaje Montenegro y la familia Heredia eran aliados históricos, pero los Ayala apenas habían logrado establecer contacto en los últimos dos años. Además, a los Montenegro no les interesaba la industria farmacéutica. Ofelia estaba segura de que Vera jamás habría conseguido una invitación por mérito propio.

—Muchos de los presentes vinieron colgándose del prestigio de sus familias. Ofelia, tú no eres quién para menospreciarme.

La respuesta serena de Vera desvió al instante todas las miradas críticas hacia Ofelia.

Al fin y al cabo, muchos estaban allí por conexiones, ¿quién podía juzgar a quién?

Ofelia abrió los ojos como platos y, sin pensarlo dos veces, gritó a todo pulmón:

—¡Nosotros no somos como tú! ¡Tú estás aquí por seducir hombres!

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