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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 71

Al escuchar las estupideces de Santiago, Vera esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo.

—Qué sorpresa, hasta te sabes un refrán —se burló ella.

El rostro de Santiago se ensombreció. Apretó los dientes y murmuró con voz grave:

—Vera Ayala, esto lo hago por tu bien. No me obligues a hacer las cosas por las malas, vete de aquí ahora mismo.

En la reunión de hoy no había chicas de buena familia, todas eran damas de compañía.

Si eso salía a la luz, ¿qué pasaría con su reputación?

Aunque Santiago odiaba que ella le hubiera robado más de diez años de vida a su verdadera hermana, legalmente seguía siendo una Ayala. Que su reputación se arruinara no le traería ningún beneficio a la familia.

—¿Te volviste loco?

A Vera le sorprendió de verdad. Con el carácter de Santiago, era increíble que no hubiera intentado vengarse por la humillación en el banquete.

No sabía si le había remordido la conciencia o si simplemente estaba intimidado por don Fausto Montenegro.

Levantó una ceja y se sentó en uno de los taburetes altos de la barra del bar. Santiago, con el rostro serio, la agarró del hombro.

—Te dije que te fueras, ¿me escuchaste?

Vera le apartó la mano de un manotazo. Si no supiera que, en el fondo, Santiago tenía buenas intenciones, le habría roto los dedos.

—Yo no soy de la familia Ayala, no te metas en mis asuntos.

Lo despachó con tono frío. Santiago soltó una risa amarga.

—Bien, no me meteré. Ya veré cómo terminas.

Santiago se fue furioso, y el camarero se acercó de nuevo.

—Disculpe... si no tiene una invitación, le pido que se retire por hoy.

El camarero miró de reojo a los hombres en los sillones VIP, aquellos señoritos que observaban hacia allí con sonrisas morbosas.

Vera, con total tranquilidad, sacó una tarjeta de presentación de su bolso.

—Quisiera tomar un café primero.

—Hoy de verdad no... —El camarero seguía intentando convencerla, pero al ver la tarjeta se quedó de piedra.

Miró a Vera con asombro, y ella le sonrió.

—¿Me traes un café?

—Sí, por supuesto. Un momento, por favor.

El camarero se retiró con sumo respeto. A lo lejos, Santiago frunció el ceño, confundido, pero sus amigos no le dieron importancia.

—Tu hermanita es bastante atrevida. ¿No volvió a casa de los Ayala y vino aquí a pescar a un ricachón? —habló el hombre rubio. La mirada de Santiago se oscureció.

—Mi hermana es Ofelia, no las metas en el mismo saco. Vera Ayala no está a su altura.

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