"Vera se había levantado muy temprano cuando escuchó el timbre de su habitación.
—Señorita, mi jefe me pidió que le entregara todo esto.
Vera lo tomó asombrada. Antes de que siquiera pudiera hacer una pregunta, el hombre cerró la puerta en su cara.
Llevó varias de esas lujosas bolsas de papel hasta el sofá, las abrió y descubrió que estaban llenas de ropa, accesorios y bolsos completamente nuevos.
[Hugo: Si la talla no es la correcta, avísame.]
La pantalla de su celular se iluminó al recibir el mensaje.
Vera estaba más confundida que nunca. ¿Qué intenciones tenía Hugo con todo eso?
Sin embargo, todavía tenía muy fresco en la memoria el comportamiento despreciable de Patricio del día anterior, así que ni en broma volvería a usar la ropa que él le había comprado.
Una vez que se cambió y estuvo lista para salir, le envió un mensaje a Hugo.
[Vera: Gracias, Señor Heredia. ¿Cuánto costó todo? Se lo transfiero.]
La respuesta no tardó ni un segundo en llegar.
[Hugo: No es necesario.]
Vera soltó un suspiro; sin embargo, cuando buscó el precio de las marcas en internet, se llevó una gigantesca sorpresa.
Todos esos conjuntos de ropa y los bolsos juntos costaban cientos de miles de pesos.
Que el Señor Heredia le regalara algo tan excesivamente costoso a alguien que apenas conocía era un lujo desmedido.
Intentó agregarlo en la red social que usaba para chatear, pero no recibió ninguna notificación de aceptación. De todos modos, no tenía tiempo para preocuparse por eso; su prioridad en ese momento era hacerle el favor a su colega Lucas de asistir al simposio médico.
Cuando Vera llegó al recinto, nunca imaginó que se toparía allí mismo con Ofelia y Patricio.
—¿Tú qué haces aquí? —Ofelia se aferró del brazo de Patricio, y añadió con asco—: ¿Acaso estás acosando y siguiendo a mi novio a todas partes?
Un atisbo de una emoción extraña pasó por los ojos de Patricio; pasó su brazo alrededor de los hombros de Ofelia y le dijo a Vera, alzando una ceja:
—¿Tanto te cuesta superarme?
Vera miró a la empalagosa pareja, sin molestarse en ocultar el asco en sus propios ojos.
—Se dan demasiada importancia, ¿no creen?
Con la mirada indiferente, comenzó a caminar hacia la entrada del salón, pero Patricio se interpuso bloqueándole el paso.
—¿En calidad de qué quieres entrar? Ya no eres mi prometida.

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