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Adiós, CEO... quiero el divorcio romance Capítulo 5

Miranda se asustó. Después de la crueldad que acababa de escuchar, no deseaba nada de ese hombre, pero el beso de Joaquín era devastador, cargado de una pasión furiosa. Intentó empujarlo, pero los brazos de él, firmes como cadenas de acero, la envolvieron por completo. Sintió que sus fuerzas fallaban y su cuerpo, traicionándola debido al amor que aún le profesaba, terminó por ceder.

Cuando recuperó un rastro de consciencia, ya estaba recostada en la cama con Joaquín encima de ella.

Sus besos exigentes la sofocaban, devorando sus labios antes de descender para reclamar la piel de su cuello. Joaquín dejaba un camino húmedo y ardiente a su paso; Miranda sintió que se incendiaría viva a su lado.

Joaquín ya no tenía capacidad para pensar; se había abandonado por completo a sus instintos más salvajes.

Con desesperación, le despojó de la ropa hasta dejar al descubierto su hermoso cuerpo.

Sediento, besó su piel pálida, acariciando sus pechos suaves y perfectos. Ese aroma natural a rosas que desprendía ella lo estaba volviendo loco.

En ese momento, los recuerdos de Daniela se evaporaron de su mente.

No había pasado, no había traición; solo existía ese cuerpo en el que se estaba quemando, como si fuera la primera o la última vez.

Deslizó sus bragas y sus dedos acariciaron su centro húmedo. Con movimientos circulares y deliberados, Joaquín observó cómo Miranda se estremecía, arqueándose ante el más ligero roce.

Continuó torturándola con sensaciones placenteras hasta que él mismo no pudo soportar más la necesidad de poseerla.

Se quitó la ropa con prisa.

Miranda se quedó inmóvil, asombrada ante ese cuerpo perfecto, bronceado y esculpido por el ejercicio.

Al fijar la vista en su hombría, se quedó pasmada, pero el pulso acelerado en su intimidad delataba que lo deseaba con la misma intensidad.

Joaquín sonrió con arrogancia al ver su reacción.

—¿Me deseas?

Ella guardó silencio, pero su respiración agitada la delató.

Estaba allí, desnuda y completamente entregada a él. Joaquín la admiró como si contemplara una obra de arte perfecta, antes de atraparla de nuevo en un beso pasional que le hizo perder la razón.

Miranda lo amaba, siempre lo había hecho, y se había mantenido pura solo para esta noche, aunque jamás imaginó que ocurriría en medio de tanta hostilidad.

—Dime, ¿me deseas? ¿Quieres que te haga mía? —susurró él, rozando su intimidad con una destreza que la hizo gemir.

Joaquín disfrutaba del control absoluto. Nunca se había sentido tan fuerte, tan dominante.

—¡Suplica, y seremos uno solo! —exclamó, con los ojos brillantes de lujuria.

Capítulo: Error llamado pasión 1

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