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ANTES ERA TU ESPOSA, AHORA ES MÍA romance Capítulo 9

Al rodearse de las esposas de los políticos y empresarios, Fernanda sabía perfectamente qué lugares ofrecían ese tipo de servicios nocturnos.

***

Desde el segundo piso del Club Élite, Zacarías Jiménez observó con sorpresa a la mujer que cruzaba el vestíbulo.

¿Venía sola? ¿A su club? ¿Acaso se había peleado con su esposo?

Zacarías le hizo una seña a Sergio Jiménez, quien estaba cerca.

Sergio, encargado de los negocios de entretenimiento del consorcio, se acercó de inmediato: —¿Qué pasa, Zacarías?

Zacarías señaló a la hermosa mujer en la planta baja y le murmuró: —Baja y encárgate de que la atiendan. Búscale al tipo con la mejor labia que tengas. Ella es una mujer casada.

Sergio reconoció al instante a la señora Navarro. Divertido por la orden de su primo, respondió en voz baja: —Los que vienen a gastar aquí, rara vez están solteros.

Zacarías no se molestó en darle explicaciones. Solo le lanzó una advertencia gélida: —Si el tipo la toca con las manos, se las corto. Si la toca con los pies, se los corto.

Sergio guardó el silencio por un rato.

—Zacarías, es la esposa de otro tipo, no la tuya. Tú ni siquiera estás casado.

—Ve ahora mismo.

—Enseguida.

Sergio estaba a punto de bajar cuando Zacarías lo detuvo nuevamente: —Mantenme informado de cada uno de sus movimientos.

Sergio rodó los ojos. ¿Una mujer casada venía a buscar diversión y él tenía que darle un reporte minuto a minuto?

***

Efectivamente, la señora Navarro había venido a buscar consuelo en los brazos de un extraño.

Sergio le pasó el reporte a Zacarías: —Reservó una habitación y pidió a uno de los acompañantes.

Zacarías frunció el ceño. Antes de que pudiera decir una palabra, Sergio se adelantó: —Si la detienes hoy, mañana se irá a otro club. Si quiere pagar por un hombre, no vas a poder detenerla todas las noches.

***

Zacarías se quedó pensativo.

¿Cuándo una mujer casada decide pagar por un acompañante?

Solo hay una razón: su esposo le fue infiel y ella quiere pagarle con la misma moneda.

Quería mandar todo al diablo.

Esa actitud rebelde encajaba perfectamente con su verdadera personalidad.

Zacarías dedujo de inmediato que el matrimonio de los Navarro estaba muerto. De lo contrario, ella jamás habría cruzado esa línea.

Él no insistió. Llevó sus manos a la ropa de ella para desvestirla...

La oscuridad ocultaba el temblor de las manos de Fernanda...

Cuando la ropa cayó al suelo, ella encogió su cuerpo, dispuesta a soportarlo...

Estaba decidida a llevar su venganza hasta las últimas consecuencias.

El hombre volvió a tocar su rostro y sintió la humedad. Ella estaba llorando desconsoladamente...

El corazón del chico se ablandó.

Se bajó de la cama en la oscuridad.

—El efectivo está sobre la mesa —le recordó ella con voz quebrada.

Él no respondió, ni tocó el dinero. Dándole la espalda, salió en silencio de la habitación.

Sola en la penumbra, Fernanda se cubrió el rostro con las sábanas y se hizo un ovillo, llorando hasta quedarse sin aire...

Lloraba por haber traicionado sus propios principios, por haber caído tan bajo y por la vergüenza que sentía de sí misma...

Odiaba la mujer en la que se había convertido...

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