Era muy difícil imaginar que el hombre que ahora le proponía el divorcio con tanta frialdad fuera el mismo que, cuando le propuso matrimonio, había llorado de emoción.
Pasó un buen rato antes de que Amara pudiera mover sus rígidos dedos para teclear una sola palabra:
*De acuerdo.*
Como ya estaba mentalizada, no se sintió tan devastada. Amara se tomó un momento para calmarse y luego entró a la habitación.
Al abrir la puerta, vio a Ximena Lanz ayudando a Camilo Sosa a bajarse de la cama.
Al ver a su madre con la espalda encorvada y el cabello a medio encanecer, y al notar el rostro demacrado y el cuerpo extremadamente delgado de su padre, sintió como si hubiera recibido un golpe certero en el pecho. Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato.
—Papá, mamá... —dijo con un nudo en la garganta que le causaba un profundo dolor.
La pareja de ancianos se giró con sorpresa y alegría al escucharla.
—Ami, ¿por qué no nos avisaste que venías? Hubiera bajado a recibirlos.
Ximena caminó emocionada hacia ella, le tomó las manos y luego miró hacia el pasillo.
—¿Y Hannita y Lisandro?
Camilo también extrañaba a su nieta.
—Sí, ¿dónde están Hannita y Lisandro?
Amara bajó la mirada. Temía que se disgustaran si les contaba sobre el cariño que su esposo y su hija le tenían a Yara Quintana, así que no dijo la verdad y buscó una excusa:
—A Lisandro le surgió un imprevisto en el trabajo, traerá a Hannita más tarde.
—Ah, ya veo. ¿A qué hora llegarán? ¿No tendrán hambre? Voy a ir a comprar algo de comer, a Hannita le encantan los dulces de por aquí.
Amara ya no pudo mantener la sonrisa y dijo con tristeza:
—No te preocupes por ellos. Los veo muy delgados a los dos, ¿acaso no están comiendo bien?
—Para nada.
Ximena sonrió para restarle importancia y le acarició el rostro con ternura, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
Le decía que estaba delgada, pero Ximena también notaba lo demacrada que se veía su hija...
Era evidente que Lisandro Yáñez la estaba tratando con frialdad.
Al final, el matrimonio había desgastado la pasión del principio.
No podía evitar pensar que, si hace años no le hubiera permitido irse tan lejos y la hubiera hecho esperar a aquel otro hombre, quizás el desenlace habría sido distinto...


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