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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 11

«Simona, él no sabe cuidarte… así que no me culpes por lo que voy a hacer…».

El carro se detuvo frente a un edificio de apartamentos desconocido.

Al despertar, Simona se quedó perpleja.

—¿Dónde estamos?

—No sabía a dónde querías ir, pero pensé que necesitarías un lugar donde quedarte. Un amigo mío tiene este apartamento y no ha podido alquilarlo —levantó la vista, su tono era perfectamente natural, pero con un toque de persuasión—. Así que, ¿quieres echarle un vistazo?

El apartamento estaba completamente amueblado y tenía muy buena luz.

Simona dudó, de pie en la entrada, en silencio.

Pero un apartamento como este estaba fuera de su alcance.

Qué ironía. Se había desvivido por la familia Gracia.

Se había ocupado de los asuntos de su empresa, corriendo de un lado a otro, incluso encargándose ella misma de atender a los clientes.

Al final, todo ese dinero había ido a parar a los bolsillos de Ulises.

Incluso ella había estado usando su tarjeta adicional durante todos esos años.

Y al primer desacuerdo, se la había cancelado.

Mientras tanto, Ulises le hacía transferencias a Anabel a cada rato, con el pretexto de que estaba «cuidando de su hermana en su nombre».

Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios. Sacudió la cabeza y finalmente rechazó la oferta.

—Gracias por tu amabilidad, pero yo…

Enzo, como si hubiera adivinado su inquietud y su dilema, la interrumpió con calma:

—Si te preocupa el alquiler, puedes quedarte aquí unos días. Lo del dinero no es urgente.

Su tono era amable, pero con una autoridad implícita.

Simona seguía dudando.

Enzo ya le estaba entregando las llaves.

—El alquiler de aquí es muy barato.

Dijo una cifra al azar, y Simona se sorprendió.

Ese precio era prácticamente un regalo…

Dicho esto, cerró la puerta y se fue.

Simona observó su espalda, con una extraña sensación.

Por alguna razón, sentía que Enzo estaba mostrando un entusiasmo excesivo con respecto a su divorcio.

Pero él y Ulises no se conocían. Enzo era una persona común y corriente, no tenía nada que ver con Ulises…

Sin embargo, no le dio más vueltas. Miró el apartamento, y una determinación fría se instaló en su mirada.

Fuera como fuera, estaba decidida a divorciarse.

Afuera, en el momento en que el hombre cerró la puerta, la sonrisa de su rostro se desvaneció, reemplazada por una presencia imponente.

Su cabello plateado caía sobre su frente, dándole un aire seductor. Mientras jugaba con el anillo en su dedo, susurró con anhelo:

—Simona, esta vez, no te dejaré ir.

Si no fuera por aquel accidente, habrías sido mía desde el principio.

Y en cuanto a ese tal Ulises, pagará por lo que ha hecho.

***

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