Entrar Via

¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 119

—Quinientos mil, a la una.

Enzo subió la puja de inmediato.

—Seiscientos mil.

—El caballero ofrece seiscientos mil. ¿Alguien más?

Estefanía levantó su paleta decididamente.

—¡Seiscientos cincuenta mil!

Sabía que Enzo era un simple trabajador. Que asistiera a una subasta ya era un milagro, y que quisiera gastar dinero en un juego de té probablemente significaba que le gustaba mucho y estaba dispuesto a gastar sus ahorros en él.

Si ella compraba el juego y se lo regalaba, ¡seguro que la miraría con otros ojos!

Con esa idea en mente, Estefanía levantó su paleta aún más alto.

Antes de que Enzo pudiera hablar, gritó:

—¡Un millón!

—La señorita ofrece un millón. ¿Hay alguna oferta superior?

—Un millón a la una, un millón a las dos…

Enzo frunció el ceño y no volvió a levantar la paleta.

—¿Por qué no pujas más? ¿Superó tu presupuesto? —le preguntó Simona.

Enzo asintió.

—Mi jefe dijo que no pagara más de un millón.

—¿Y te regañará por no haberlo conseguido?

Enzo negó con la cabeza.

La verdad era que su padre seguramente le daría la lata por no haberlo comprado.

Podría haber hecho una puja final para asegurar la victoria, pero no quería exponerse frente a Simona por algo así.

No valía la pena.

Simona se sintió aliviada.

—¡Un millón a las tres! ¡Vendido!

Estefanía consiguió el juego de té y su rostro se iluminó de alegría.

Miró el perfil de Enzo. Estaba segura de que cuando le entregara el juego de té, él se sorprendería gratamente.

¡Quizás incluso se le entregaría en bandeja esa misma noche!

El siguiente lote era la pintura de la abuela de Simona.

Desde que Anabel regresó con los Rivera, solo su abuela la había tratado bien.

Recordaba cómo su abuela le acariciaba la cabeza con cariño y le decía: «No es tu culpa. No tienes por qué sentirte mal con nadie. No importa lo que piensen los demás, yo siempre seré tu abuela».

No se rendiría.

Levantó su paleta.

—Seiscientos mil.

—Setecientos mil.

—Ochocientos mil.

—¡Un millón!

No importaba cuánto ofreciera Simona, Anabel, desde atrás, siempre la superaba.

Ahora habían llegado al millón, y eso era todo el dinero que tenía.

Quería seguir pujando, pero no tenía más.

—Adelante, hermana, sigue. ¿O es que Ulises te canceló la tarjeta y te quedaste sin dinero?

—Parece que es el destino. No mereces tener la pintura de la abuela. Me robaste mi vida durante muchos años, y ahora tendrás que devolvérmelo todo, poco a poco.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada