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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 132

Sandro y los guardaespaldas ya se habían levantado.

Como Leonel y los otros dos bloqueaban la puerta, no habían podido salir.

Desde que entró, Ulises no había apartado la vista de Simona.

Tenía el pelo despeinado, el vestido manchado de polvo y la piel que se veía, llena de moretones de diferentes grados.

Era evidente que la habían golpeado con saña.

Sintió un dolor agudo en el pecho y, sin poder evitarlo, miró a Sandro con una frialdad inusual.

—¡Sandro! ¿Te atreviste a pegarle a mi esposa?

A pesar de haber sido descubierto, a Sandro no pareció importarle.

—Se metió con Anabel, solo le di una lección.

—Es mi esposa, ¡tú no tienes derecho a darle ninguna lección!

Ulises soltó a Leonel y, en un par de zancadas, le dio un puñetazo a Sandro.

Leonel también lo miró con furia.

—¿Una lección? ¿Acaso tu cuñada es alguien a quien tú debas darle lecciones? ¡Defender a una extraña y atacar a tu propia familia! ¿Todavía te consideras una persona?

»¡Hoy mismo vuelves a la villa y te arrodillas en la capilla! ¡Y no te levantarás hasta que reconozcas tu error!

Simona los observó, actuando en perfecta sintonía, y una sonrisa fría se dibujó en sus labios.

«¿Arrodillarse en la capilla?», pensó.

Otra vez lo estaba protegiendo.

Leonel era realmente bueno con los suyos.

Sebastián soltó una risa burlona y, sin dudarlo, sacó su celular y llamó a la policía.

—Esto es una agresión premeditada. No es algo que se pueda resolver a puerta cerrada en familia. Será mejor que sea yo quien llame a la policía.

Al ver que Sebastián llamaba a la policía, la cara de Leonel se ensombreció.

—Señor Palacios, este es un asunto de familia. No creo que le incumba.

Sebastián no le hizo caso a Leonel. Cuando le contestaron, le explicó la situación a la policía.

Leonel se tragó su enfado. ¡No sabía para qué Sandro había invitado a ese actor, solo para causar problemas!

A Simona le dolía todo el cuerpo. No podía mantenerse en pie y se tambaleó.

Sebastián, que estaba cerca, la sostuvo.

Pero Ulises apartó a Sebastián de un empujón y la sujetó él mismo.

—Te llevaré al hospital.

—Si cierta persona te viera así, se le rompería el corazón.

—¿Ah?

Inés levantó la vista hacia Simona y vio de reojo que Ulises ya se acercaba con el carro.

—Hablamos luego.

***

En el hospital.

Mientras Simona estaba siendo examinada, Inés y Ulises esperaban afuera.

—La niña que mi familia Mendoza ha estado buscando durante tantos años, el tesoro de nuestra casa, se casa contigo y encima sufre maltratos por parte de tu familia. Señor Gracia, creo que me debe una explicación.

La actitud de Inés dejaba claro que creía que Simona era la hija de la familia Mendoza.

«¿Tan fácil?», pensó Ulises.

Le costaba creerlo, pero independientemente de cómo investigara la familia Mendoza, ellos ya habían tomado todas las precauciones.

El abuelo por fin había logrado establecer una conexión con la familia Mendoza a través de la identidad de Simona.

***

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