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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 163

Todo era inocencia, pureza y encanto.

Anabel, aprovechando que Ulises había ido al baño, se giró para provocar a Simona.

—Hermanita, se supone que tú eres su esposa y su madre, pero pareces la intrusa. ¿Te sientes mal?

Simona no respondió.

Anabel continuó su ataque.

—La verdad, hermanita, llegar a este punto en la vida es un verdadero fracaso. Tu esposo no te quiere, tu hijo no te quiere, e incluso tus padres rompieron dieciocho años de relación contigo sin pensarlo dos veces. ¿Qué sigues haciendo aquí? Deberías irte.

»Y en cuanto a ser la hija de la familia Mendoza, tienes que saber que no tienes tanta suerte. Todo fue una manipulación de Ulises. Tarde o temprano, la familia Mendoza descubrirá tu verdadera identidad.

Anabel siguió hablando, pero Simona la escuchaba con indiferencia, sin darle ninguna respuesta.

Al final, Anabel se cansó.

—Sigues siendo tan arrogante como siempre —resopló—. ¡Ya veremos si sigues tan tranquila dentro de un rato!

—¿Qué pasará dentro de un rato?

Justo cuando Anabel terminaba de hablar, Ulises regresó.

No había oído la frase completa, solo algunas palabras clave, y preguntó por curiosidad.

Anabel cambió de inmediato a una expresión dulce y miró a Ulises.

—Nada, solo hablábamos de la actuación de Álvaro.

Ulises miró a Simona, que permanecía en silencio, y dijo con frialdad:

—Tú, que eres su madre, te preocupas menos por Álvaro que Anabel.

Simona no se molestó en responder. Simplemente se recostó en su asiento y cerró los ojos para descansar.

Ulises sintió un nudo en la garganta, incapaz de tragar su frustración.

Dejó de prestarle atención a Simona.

Simona esperaba el plan de Anabel y Álvaro. De repente, su celular vibró.

Era un mensaje de Enzo.

—¿Quién es usted? ¿Cómo se atreve a atacar a alguien con un cuchillo en un lugar público?

—¿Quién soy? Tú eres el esposo de Simona, ¿no? ¡Pregúntale a tu esposa quién soy yo!

A Simona, el hombre le resultaba familiar, pero no lograba recordar de dónde.

¿Sería esta la «sorpresa» que Anabel le tenía preparada?

Al ver la confusión en el rostro de Simona, el hombre se enfureció aún más.

—¡Asesina! ¡Cuando mi hermana estaba en el último año de preparatoria, la acosaste hasta que se suicidó saltando de un edificio! ¡Mi hermana era tan joven, toda una vida por delante, y tú se la arrebataste!

El hombre hablaba con una angustia creciente, hasta que finalmente rompió a llorar.

Fue entonces cuando Simona recordó quién era, y su rostro palideció por completo.

No esperaba que el problema que Anabel le había buscado fuera él.

***

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