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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 175

De repente, Simona se sintió un poco avergonzada.

—Yo puedo hacerlo…

Intentó tomar el frasco de ungüento, pero Enzo lo apartó.

—Mañana te llevaré con Yolanda Zamora para que te revise. Seguramente te lastimaste bastante en estos días que viviste con la familia Gracia, ¿no?

—Estoy bien.

—La marca roja de tu cara todavía no se quita. ¿Cómo que estás bien?

Simona se tocó la cara instintivamente.

Era del golpe que Ulises le había dado ese día.

Seguramente Enzo lo vio en la transmisión en vivo. Se sintió un poco incómoda.

Por suerte, Enzo no dijo nada más. Después de aplicarle el ungüento, solo le dio algunas indicaciones.

Durante ese tiempo, recibió una llamada. No sabía qué le dijeron, pero su expresión se agrió.

—Si estás ocupado, vete. Yo puedo terminar de desempacar sola.

Enzo no se negó.

—Te pedí comida a domicilio. Cuando termines, descansa.

Dicho esto, se fue a toda prisa.

Simona se mordió el labio inferior. ¡Enzo era demasiado atento!

¿Cómo era posible que, después de tantos años sin verse, se hubiera convertido en un hombre tan tierno y considerado?

Su futura novia sí que tendría suerte.

Después de desempacar, Simona se acostó y, por primera vez en mucho tiempo, durmió profundamente y en paz.

En contraste con la tranquilidad de Simona, la mansión de la familia Gracia estaba cubierta por una atmósfera sombría y asfixiante.

Ulises estaba sentado en el sofá de la sala, mientras Álvaro permanecía arrodillado en el suelo.

El niño levantaba la vista de vez en cuando para mirar a su padre, con los ojos llenos de culpa.

El rostro de Ulises era como un cielo a punto de desatarse una tormenta: oscuro y cargado de tensión.

—Papá, ahora que ya te divorciaste de esa mujer, ¿Anabel ya puede ser mi mamá? Anabel dice que tú y esa mujer deben estar muy tristes, y que yo debo consolarlos, pero a mí no me gusta esa mujer. ¡Quiero que Anabel sea mi mamá!

Ulises bajó la mirada hacia su hijo, que se parecía tanto a él, y sintió que su corazón se ablandaba.

Lo levantó en brazos.

—Pase lo que pase, tu mamá siempre será tu mamá.

—¡No me importa! ¡Ya no quiero que sea mi mamá!

Ulises perdió la paciencia y se lo entregó a una empleada.

—Que descanse.

La empleada se llevó a Álvaro.

Ulises se recostó en el sofá y se pellizcó el puente de la nariz.

El celular sonó. Contestó la llamada de un número desconocido.

—Hola, ¿hablo con el esposo de Simona?

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