Entrar Via

¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 188

Después de comer, Simona y Enzo regresaron a sus respectivos hogares.

Aunque Simona parecía tranquila en la superficie, en mitad de la noche, una pesadilla la despertó.

Soñó con lo que había sucedido años atrás en el extranjero, con el pequeño cuarto oscuro en el último piso de la mansión de la familia Gracia, con ese almacén maloliente.

Simona se incorporó y encendió la lámpara de noche. Pasó un buen rato hasta que logró calmarse.

Tomó su celular para ver videos y distraerse. Apenas lo desbloqueó, vio dos mensajes.

Uno era de su hermano biológico.

[Lo hemos hablado y hemos decidido ir todos a San Luis a recogerte para que vuelvas a casa.]

Recogerla para que volviera a casa.

Esas palabras hicieron que el corazón de Simona se calentara.

¿De verdad podía volver a casa?

El otro mensaje era de Enzo, de hacía apenas un minuto.

[Te dejé una sorpresa en la sala. Si no puedes dormir, puedes ir a verla.]

¿Cómo sabía que no podía dormir?

Además, eran las dos de la madrugada. ¿Qué hacía él despierto?

La curiosidad de Simona se despertó, y el poco miedo que le quedaba comenzó a disiparse.

Encendió la luz de la sala.

La luz cálida y amarillenta del techo hacía que la habitación pareciera acogedora.

Miró a su alrededor, pero no vio nada fuera de lo común.

Justo cuando iba a preguntarle a Enzo, se dio cuenta de que el lugar donde solía dejar su caballete parecía diferente.

Lo habían movido.

Se acercó y vio una pequeña caja junto al caballete.

Confundida, Simona tomó la caja. Al abrirla, las lágrimas casi se le escapan.

¡Era… el collar que le había regalado su abuela!

El collar que Anabel había roto. Desconsolada, había recogido los pedazos uno por uno y los había guardado como un tesoro.

Y ahora estaba reparado.

—Gracias, Enzo. De verdad, muchas gracias.

El collar de su abuela era el único vínculo que le quedaba con ella. Había intentado repararlo, pero los fragmentos eran demasiado pequeños y no tenía la habilidad para hacerlo.

Y ahora, Enzo lo había reparado para ella.

La emoción la desbordaba.

La nuez de Adán de Enzo se movió. Sus manos flotaban en el aire, sin atreverse a devolverle el abrazo.

El suave cuerpo de la mujer se apretaba contra el suyo. Su ligero aroma a gardenias lo envolvía, haciéndole sonrojar y sentir el corazón a punto de estallar.

Siempre había sido cauteloso, sin atreverse a dar un paso más con Simona por miedo a asustarla.

No se imaginaba que el día que por fin pudiera abrazar a la mujer que amaba, perdería el control de esa manera.

¡Quería casarse con ella lo antes posible!

Por suerte, Simona no perdió la compostura por mucho tiempo. Se separó de Enzo.

Para entonces, Enzo ya había recuperado la calma y la miraba con una sonrisa.

Fue entonces cuando Simona se dio cuenta de lo que acababa de hacer y su rostro se sonrojó ligeramente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada