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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 210

En la sala, Álvaro llamó a Ulises y le contó, con todo detalle, cómo Simona había maltratado a Anabel.

Ulises no podía creer que Simona, incluso encerrada, se atreviera a lastimar a Anabel. Apoyó la decisión de Álvaro de dejarla sin comer por un día y le dijo que volvería a casa para el almuerzo.

Anabel se alegró mucho al saber que Ulises regresaría.

—Álvaro, hace mucho que no pruebas mi comida, ¿verdad? ¿Qué te parece si hoy cocino para ti y tu papá?

Al oír que Anabel iba a cocinar, Álvaro sintió un rechazo instintivo. La comida de Anabel no era tan rica como la de su mamá. Pero no quería herir sus sentimientos, así que fingió entusiasmo.

—¡Claro!

Anabel le revolvió el cabello a Álvaro y entró sonriendo a la cocina.

Mientras la observaba ocupada en la cocina, la imagen de Simona haciendo lo mismo apareció en su mente sin poder evitarlo. Aunque odiaba que Simona lo controlara, tenía que admitir que su comida era deliciosa. En ese aspecto, nunca le había faltado de nada.

Al pensar en esto, un extraño sentimiento de culpa nació en Álvaro.

«Mamá no ha desayunado y ya casi es mediodía. ¿Tendrá hambre?».

Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. ¿Qué le importaba si ella tenía hambre o no? Si se atrevía a tratar así a Anabel, ¡merecía un castigo!

Con ese pensamiento, se tranquilizó y se puso a ver la televisión en la sala.

Cuando Ulises regresó, Anabel ya había preparado la comida.

—Ulises, has vuelto. Hoy he cocinado yo, ¡espero que me hagas el honor! —lo saludó con naturalidad.

Ulises se sintió desorientado por un momento. Antes, cuando su relación con Simona era buena, siempre era ella quien lo esperaba con la comida lista. En aquel entonces, todo el cansancio de la oficina se disipaba un poco al percibir el cálido aroma del hogar. Simona le traía las pantuflas al llegar y le colgaba el saco; cocinaba una mesa llena de sus platos favoritos y los de Álvaro; y después de acostar a Álvaro, le preparaba el baño. A veces, él incluso la metía con él en la bañera…

—¿Ulises?

Ulises volvió en sí y miró a Anabel con una sonrisa.

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