Durante los días siguientes, Simona estuvo muy ocupada.
Tenía que tramitar la licencia de negocio, registrarse en la oficina de impuestos, formar un equipo…
Por ahora, ella era la única en el estudio, así que todo el trabajo recaía sobre sus hombros.
Damián le había propuesto que trabajara en el Grupo Palacios; aunque no tenían una división de diseño de moda, podían crear una especialmente para ella.
Simona se negó.
Abrir el estudio era su propio emprendimiento, y no quería tomar atajos apoyándose en el Grupo Palacios.
Al ver su insistencia, Damián no dijo nada más.
El estudio necesitaba ser remodelado, así que Simona le pidió a Jorge el contacto de Andrés.
No sabía por qué, pero últimamente Jorge salía temprano y regresaba tarde, mucho más ocupado que antes.
Sin embargo, cada vez que volvía a casa, Jorge parecía lleno de energía, como si no estuviera preocupado por el trabajo.
Simona le preguntó un par de veces en qué andaba, pero Jorge siempre parpadeaba y la miraba con un aire misterioso.
—Estoy trabajando en algo grande.
Como no parecía tener intención de decirle la verdad, Simona no insistió.
Jorge le pasó el contacto de Andrés.
Le dio una palmada en el hombro a Simona.
—¡Échale ganas, hermanita! Tu hermano confía en que lo harás genial. ¡Cuando termine con mis asuntos, te daré una sorpresa!
—¿Una sorpresa? ¿Qué sorpresa? —Simona, pensando en Ximena, miró a Jorge con picardía—. Hermano, ¿no me digas que tú también vas a traer una novia a casa?
—¡Tsk! ¿Qué tonterías dices?
Jorge se dio cuenta del «también» en la frase de Simona y la miró. —¿Por qué dices «también»?
Simona le contó lo que había visto en Casa Soler con Ximena.

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