—Ulises, ¿todavía estás pensando en mi hermana?
El rostro de Ulises se tensó al instante.
Anabel se enfureció aún más.
—¿Ya olvidaste cómo te trató? No solo te fue infiel, sino que ni siquiera vino a despedirse del abuelo. ¡Te obligó a divorciarte porque los abandonó a ti y a Álvaro!
—Lo sé —respondió Ulises con voz fría.
Pero al ver que Anabel tenía los ojos enrojecidos y las lágrimas a punto de brotar, su corazón se ablandó. Le tomó la mano con suavidad y la consoló.
—La próxima semana tengo que ir a Nueva Solana por un viaje de negocios. Te encargo mucho a Álvaro.
—¿Cuánto tiempo te vas?
—Como medio mes.
Las alarmas de Anabel se encendieron.
«¡No! Medio mes es demasiado tiempo. Si Ulises conoce a otra mujer allá afuera, todo por lo que he luchado y que está a punto de ser mío se convertirá en una broma».
Lo pensó un momento y dijo:
—Justo en dos días tengo un evento en Nueva Solana. ¿Qué te parece si voy contigo?
Ulises frunció el ceño; no le gustaba la idea de dejar a Álvaro solo en casa.
Anabel se apresuró a añadir:
—Podemos llevar a Álvaro con nosotros. Pensemos que son unas vacaciones familiares en Nueva Solana.
Al oír las palabras «vacaciones familiares», Ulises sintió un inexplicable rechazo.
Anabel lo tomó del brazo, haciéndole un puchero.
Y como siempre, ante ese gesto, Ulises cedió.
—Está bien.
Anabel aprovechó la oportunidad para lanzarse a sus brazos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada