—Avanzar en el proceso no es firmar un contrato. Supongo que entiende la diferencia, ¿verdad?
Anabel se quedó sin palabras. Era cierto: mientras ninguna de las partes hubiera firmado, no se podía hablar de incumplimiento de contrato.
Damián se dirigió a los guardias con expresión severa.
—Recuerden bien a estas tres personas. De ahora en adelante, no tienen permitido volver a poner un pie en el Grupo Palacios.
Mientras hablaba, su mirada se detuvo un par de segundos en el rostro de Álvaro antes de apartarla como si nada.
Luego se volvió hacia Simona.
—¿Trajiste el documento?
Simona asintió. Justo cuando iba a sacarlo, Damián le dijo con amabilidad:
—Entonces, vámonos.
Simona lo siguió.
Inmediatamente, los guardias se encargaron de escoltar a Ulises y su familia, con los rostros sombríos, fuera del Grupo Palacios.
Humillados públicamente, no insistieron más y se marcharon sin oponer resistencia.
El recepcionista regresó a su puesto, aturdido. Poco después, recibió una notificación de despido de Recursos Humanos y se derrumbó por completo.
***
Simona acompañó a Damián hasta su oficina en el último piso.
Al salir del ascensor, Damián la presentó al personal de la secretaría.
—Ella es mi hermana, Simona. Quiero que todos la recuerden. Si alguien vuelve a molestarla cuando venga a la empresa, puede ir presentando su renuncia.
—Entendido, señor Palacios.
Simona caminaba detrás de Damián, forzando una sonrisa incómoda. La escena de tanta gente levantándose respetuosamente era demasiado imponente. Aún no se acostumbraba.
Una vez en la oficina de Damián, le entregó el documento.
—Hermano, ¿necesitas algo más?
Damián tomó el archivo y le indicó que se sentara. Simona se acomodó en el sofá, y él le sirvió un vaso de agua.

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