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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 45

Solo le quedaba su sueño de dibujar.

No podía renunciar a él por nada del mundo.

Le encantaba dibujar, y durante la universidad también había estudiado diseño de moda por un tiempo.

Tras una breve reflexión, con mano temblorosa, se esforzó por trazar líneas lo más fluidas posible sobre el papel.

Debido a la lesión en su mano, dibujaba muy despacio.

Solo el boceto de un vestido le tomó dos horas.

Durante ese tiempo, estuvo tan concentrada en el dibujo que ni siquiera se dio cuenta de que Álvaro había entrado.

Álvaro había vuelto de la escuela y, aunque en principio no quería ver a Simona, al pasar por su habitación, algo lo impulsó a acercarse.

Estos últimos días, Simona había estado cuidando al bisabuelo sin parar, sin dirigirle ni una sola palabra.

Eso lo irritaba, y le hacía pensar que Simona era mezquina y no merecía ser su madre.

La puerta del dormitorio estaba abierta, y desde allí Álvaro vio a Simona sentada junto a la ventana, sosteniendo el lápiz con una expresión apacible.

Se acercó a mirar. Las líneas torcidas del dibujo apenas esbozaban la forma de un vestido.

Soltó un bufido de desprecio.

—Dibujas tan feo, ¿y todavía te atreves a hacer el ridículo?

Álvaro no era muy mayor, pero hablaba sin miramientos.

Simona se sobresaltó por la voz repentina y frunció el ceño al mirarlo.

Álvaro continuó menospreciándola.

—No tienes ni una pizca de talento artístico, ¿cómo vas a saber dibujar? ¡Solo Anabel sabe! ¡Sus dibujos son cien veces más bonitos que los tuyos!

—Eres una ama de casa, tus manos solo sirven para cocinar. Tengo hambre, ¡ve a prepararme algo de comer ahora mismo!

Álvaro creía que le estaba dando una salida a Simona.

«Si Simona me prepara la comida, la perdonaré».

«Como no puede vivir sin papá y sin mí, seguro que aprovechará esta oportunidad para complacerme».

Pero se equivocaba. Simona solo le dedicó una mirada indiferente y continuó dibujando lentamente sobre el papel.

—¡Dibujas tan feo que me das vergüenza! ¡Eres una ama de casa inútil, tus dibujos no son ni la mitad de buenos que los que Anabel hace sin esforzarse!

—¡No tengo una madre como tú!

El pequeño rostro de Álvaro estaba rojo de ira.

Simona lo miró, con el corazón helado.

Recordó cuando Álvaro era muy pequeño, un niño dulce y pegajoso que adoraba a su mamá.

En aquel entonces, habían dibujado juntos. Álvaro la llamaba dulcemente «mamá» y, con ternura, elogiaba sus dibujos, diciendo que cuando creciera compraría los dibujos de mamá con mucho dinero.

Pero ahora, arrojaba al fuego el dibujo que tanto le había costado hacer, como si fuera basura.

Simona solo le dedicó una mirada profunda y se dio la vuelta para subir las escaleras.

En cuanto a Álvaro, por ser su hijo, no quería herirlo con sus palabras.

De vuelta en su habitación, tomó su celular y vio que Enzo le había enviado otro mensaje.

***

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