Simona negó con la cabeza.
—Abuelo, no tiene nada que ver con lo de ayer. No quiero ocultártelo, pero ya estábamos a punto de divorciarnos antes de que te hospitalizaran la última vez.
—Eres la única persona en esta casa que ha sido buena conmigo, y no quiero engañarte.
El señor Gracia intentó persuadirla de nuevo, pero Simona se excusó diciendo que ya había terminado de comer y se fue.
El mayordomo se acercó al señor Gracia. El anciano suspiró y se desahogó con él.
—Me guarda rencor.
***
Internet no tiene memoria.
Después de que la avalancha de noticias negativas sobre ella desapareciera, pareció que la calma regresaba por un breve momento.
Pero Simona notó que Sacha Masson, su mentor, había comenzado a tratarla con frialdad.
Antes, Sacha Masson se interesaba mucho por sus bocetos e incluso la llamaba para comentarle los problemas.
Ahora, cuando le enviaba sus diseños, solo recibía un simple «ok» como respuesta, y nada más.
Simona supuso que estaba ocupado y no le preguntó nada.
En estos días, su muñeca había mejorado un poco, así que pensó en ir al hospital para una revisión y, de paso, hablar con el director sobre su renuncia.
El director ya había hablado con ella sobre este tema.
Aunque su mano ya no le permitía operar, todavía podía desarrollarse en otras áreas de la medicina.
No tenía por qué llegar al punto de renunciar.
El director incluso le había dado tiempo para pensarlo, diciéndole que no tenía que tomar una decisión tan rápido.
Simona había reflexionado mucho durante este tiempo. Tenía que aceptar con serenidad todo lo que había perdido para poder renacer.
Para un cirujano, las manos son cruciales. Ya no podía seguir en el hospital.
***
—¿Simona?
Él y Anabel se acercaron a ella.
—¿Qué haces en el hospital?
Antes de que Simona pudiera responder, él continuó por su cuenta, con un tono burlón.
—No me digas que todavía pretendes trabajar aquí. Con la mano inútil, ¿de verdad crees que puedes hacer milagros y curar a los pacientes de cirugía solo recetando medicamentos?
Anabel le dio un golpecito en el brazo a Ulises.
—¿Cómo puedes hablarle así a mi hermana? Ella ha trabajado tanto tiempo en este hospital y, aunque no haya recibido placas de reconocimiento ni nada por el estilo, al menos se ha esforzado. No puedes negar por completo su capacidad, ¿o sí?
Ambos, con sus palabras, se burlaban de Simona, y sus voces sonaban especialmente hirientes.
El director frunció el ceño al escucharlos.
—¿De qué tonterías están hablando? La doctora Rivera ha trabajado en el departamento de cirugía más crítico desde que empezó a ejercer. Muchas de las operaciones que nosotros no podíamos realizar, las dirigió ella, y nunca tuvo un solo incidente. Si no fuera por la lesión en su mano, el puesto de jefa de cirugía habría sido suyo tarde o temprano.

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