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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 69

El chico llamado Alex apartó la mirada rápidamente, como si le tuviera mucho miedo a Estefanía.

Estefanía fulminó a Simona con la mirada.

Al ver el rostro de Simona, sin una gota de maquillaje pero aun así increíblemente hermoso, con una belleza dulce y delicada, no pudo evitar sentir envidia.

—¡Simona, ya me las pagarás!

Lanzó una amenaza y se fue, arrastrando a su noviecito con ella.

Después del altercado con Estefanía, Simona se sintió un poco incómoda frente a Enzo.

Aunque Enzo ya había sido testigo de su desastroso matrimonio, estos asuntos privados todavía la avergonzaban.

Por suerte, Enzo no le preguntó nada.

—Sigamos comiendo —dijo ella, fingiendo calma para invitar a Enzo a continuar la cena.

Pero los ojos de Enzo se posaron en su rostro. Sus cejas pobladas se fruncieron ligeramente y su mirada se tornó profunda.

Dijo con indiferencia:

—Simona, ¿has encontrado a tu familia?

Simona se quedó perpleja por un momento. Supuso que la noticia de que era la falsa heredera ya se había extendido por todo San Luis y no era ningún secreto.

Así que soltó una risa y asintió.

—Sí, la encontré.

La voz de la mujer era clara y fría, su piel de un blanco porcelana y sus rasgos delicados, la viva imagen de una belleza del sur.

Enzo apartó la vista. Unos mechones de su cabello plateado cayeron sobre sus cejas, haciéndolo lucir excepcionalmente atractivo.

Dijo con un tono despreocupado:

—¿De dónde son?

—De Nueva Solana —respondió Simona con una sonrisa—. De apellido Palacios. ¿Tu familia también es de Nueva Solana, verdad?

Palacios.

Aunque había muchas personas con el apellido Palacios en Nueva Solana, cuando se mencionaba a la familia Palacios de Nueva Solana, solo había una que venía a la mente.

Una familia inmensamente poderosa.

¿Sería ella parte de esa familia Palacios?

—Felicidades —dijo Enzo, ocultando un atisbo de frialdad en su mirada. Sus ojos almendrados volvieron a sonreír—. En Nueva Solana hay muchas familias Palacios…

Simona miró a Enzo con una sonrisa.

Pero por ahora, la prioridad era divorciarse de Ulises.

Y antes de divorciarse, tenía que limpiar su nombre de la acusación que Ulises le había endilgado a la fuerza.

Al llegar a la mansión de la familia Gracia, Enzo se bajó del carro con Simona.

—Si tienes tiempo en un par de días, te llevaré a ver a ese amigo mío que es médico para que te revise la muñeca de nuevo.

—De acuerdo, gracias.

Esta vez, Simona no se negó ni se sintió incómoda.

Estaba muy agradecida por la compañía de Enzo durante este tiempo y lo consideraba un amigo.

Ulises acababa de llegar y vio a las dos figuras de pie frente a la mansión de la familia Gracia.

La sangre le subió a la cabeza al instante. Frenó en seco frente a la puerta de la villa.

El fuerte chirrido de los frenos asustó a Simona, que instintivamente dio un paso atrás.

No se dio cuenta de que había una pequeña piedra detrás de ella. Al pisarla, se torció el tobillo y cayó hacia atrás.

Enzo la sujetó y, con un ligero tirón, Simona cayó en sus brazos.

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