Fue entonces cuando se mudaron.
Ulises sabía el trauma que le había causado ese ático, y ahora, él mismo la enviaba de vuelta a él.
Ulises llamó a dos sirvientes para que se llevaran a Simona.
El rostro de Simona se llenó de pánico.
—¡No! ¡Ulises, no quiero ir! ¡Fuiste tú quien hizo algo para que yo malinterpretara las cosas! ¿Por qué me encierras a mí?
Simona tenía pánico de ese ático oscuro.
Su rostro palideció al instante y sus ojos se enrojecieron.
Al verla así, Ulises sintió una punzada en el corazón y un atisbo de compasión cruzó su mirada.
Anabel suspiró.
—Hermana, Ulises no quiere encerrarte. Solo quiere que reflexiones. Últimamente, has estado discutiendo con él por ese carita bonita, y eso tampoco está bien.
Al mencionar a ese «carita bonita», el corazón de Ulises, que se había ablandado, volvió a endurecerse.
Su rostro se tornó gélido.
—¡Simona, si esta vez no reconoces tu error, no saldrás de ahí!
—¡Suéltenme! ¡Suéltenme!
Dos sirvientes corpulentos la sujetaron por ambos lados y la arrastraron hasta el ático en la parte superior de la villa.
*¡Pum!*
La puerta se cerró y la oscuridad la envolvió por completo.
Le habían quitado el celular.
Simona, con ropa ligera, se acurrucó en el suelo. La oscuridad total magnificaba su miedo.
Todavía recordaba las cosas que Patricia le había hecho en ese ático hacía siete años.
Cuando Patricia la encerró allí, también metió serpientes.
Todavía recordaba con claridad el espacio oscuro y siniestro, el sonido de las serpientes siseando.
Las lágrimas caían sin cesar.
Simona corrió hacia la puerta y la golpeó con fuerza.
—¡Déjenme salir! ¡Ulises, sé que me equivoqué, déjame salir! ¡No me encierres aquí, te lo ruego!
Simona estaba aterrorizada y suplicaba sin cesar.
Pero afuera no se oía ni un solo ruido.
Era como si estuviera sola en el mundo.
***
—Me he enterado de que Ulises ha estado intentando acercarse al señor Guevara últimamente. El Grupo Gracia probablemente quiere acceder a los canales del señor Guevara. ¿Deberíamos hacer algo?
Enzo permaneció impasible.
Parecía que Ulises no solo quería depender de la familia Palacios, sino que también estaba buscando la manera de salvarse a sí mismo.
Pero él no lo permitiría.
—Pide una cita con el señor Guevara para mañana.
El asistente asintió y, recordando algo, añadió:
—Señor Mendoza, sobre la familia Palacios que me pidió investigar, resulta que hace muchos años perdieron a una hija, una niña.
La mirada de Enzo se agudizó.
—Sigue investigando.
El asistente asintió y salió.
Enzo miró su celular y, después de pensarlo un momento, decidió llamar a Simona.
Tardó mucho en contestar.
Apenas se conectó la llamada, una voz femenina desconocida sonó al otro lado.
—¿Eres tú el carita bonita con el que sale Simona?

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