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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 87

Simona sonrió, con una punzada de tristeza en el corazón.

Álvaro era el hijo que había criado con sus propias manos.

Aquel niño tierno y mimoso que adoraba acurrucarse con ella, ahora la despreciaba de esa manera.

—No te preocupes, algún día Anabel será tu mamá.

Lo dijo en voz baja, con el rostro inexpresivo.

Álvaro, al ver a Simona así, sintió una extraña inquietud.

Era como si algo estuviera empezando a perderse.

***

La noche anterior, la señora Merino le había hecho pasar un mal rato a Anabel. La mujer que normalmente era tan extrovertida y fuerte, terminó llorando como una niña pequeña.

Ulises la consoló durante toda la noche.

Cuanto más lo pensaba, más sentía que el problema era Simona. ¿Qué necesidad tenía de meterse con Estefanía?

Pero no tenía tiempo para lidiar con esos asuntos, porque esa mañana tenía que cerrar un contrato importante.

Temprano, se arregló y se dirigió al Hotel Corona Blanca, donde había quedado con Ramón.

Ramón tenía en sus manos un proyecto en el extranjero que, de ser conseguido por el Grupo Gracia, sería un verdadero salvavidas en su situación actual.

Por eso, Ulises le daba una importancia extrema a esta reunión.

Ramón llegó a la hora acordada.

—Disculpa, ¿te hice esperar mucho?

—Acabo de llegar. Señor Guevara, por favor, siéntese.

Ramón, sin rodeos, fue directo al grano.

El hombre, de unos cincuenta años, miraba a Ulises con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

—Señor Gracia, sé para qué me ha buscado, pero para el proyecto en el extranjero ya tengo un nuevo socio. Lo siento.

El corazón de Ulises dio un vuelco y preguntó con urgencia.

—Pero, señor Guevara, ya habíamos avanzado bastante en las conversaciones. Usted mismo había mostrado mucho interés en el Grupo Gracia, ¿por qué…?

—Señor Gracia, no le prometí nada, así que no se puede decir que lo haya dejado plantado. Espero que no le moleste. En el futuro, todavía podríamos ser socios.

El semblante de Ulises ya no era el mismo que al llegar.

Al salir del restaurante, su rostro estaba sombrío.

Justo en ese momento, se topó con Enzo, que entraba.

Enzo vestía un traje oscuro de alta costura, y su cabello plateado brillaba bajo el sol. La elegancia que emanaba de él no encajaba en absoluto con la imagen de "persona común" que Simona había descrito.

«¿Será que en realidad no es alguien cualquiera?».

Y su apellido era Mendoza... ¿Acaso era de una rama secundaria de la familia Mendoza?

Ulises frunció el ceño. Aunque fuera alguien importante, a lo mucho sería el hijo de alguna familia de segunda.

De lo contrario, ¿cómo podría fijarse en Simona?

Miró a Enzo con frialdad. Estaba de mal humor y con ganas de buscarle problemas a alguien.

—El Hotel Corona Blanca es el más grande de San Luis. No es un lugar para que entre un pueblerino como tú.

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